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LOS SISMOS Y NUESTRA PEQUEÑEZ

25 septiembre 2017

A  12 días de distancia uno de otro, nuestro país ha sido azotado por dos terremotos con saldo de varios centenares de víctimas mortales y cientos de miles de damnificados. ¿Será que Dios nos está castigando? ¿Qué habremos hecho, por qué? ¿Qué nos quiere decir Dios, qué nos está pidiendo? Jesucristo se hizo esta pregunta en Lucas 13,4 y ésta fue su respuesta: "¿Creen ustedes que eran más pecadores que los demás?” Se refería a los galileos que mandó matar Pilato, y también a aquellos 18 que aplastó la torre de Siloé. Jesucristo no piensa que les pasó eso porque eran más pecadores, pero sí nos invita a asumir los acontecimientos como una llamada a la conversión.

Nosotros al igual, debemos educarnos en una fe cada vez más madura, menos ingenua, menos mágica. Dios creó este universo tan inmenso y tan lleno de energía hace miles de millones de años, como nos dice con cierta aproximación la ciencia. Dentro de esos miles de millones de años se ha ido formando nuestra galaxia, la vía láctea, nuestro sistema solar, nuestro planeta, tan maravilloso, tan lleno de vida, como ningún otro astro del cielo hasta el momento conocido.

Sin embargo, este planeta tan hermoso en el que Dios nos ha colocado a los seres humanos, y a infinidad de criaturas en una inmensa diversidad de vida, es un planeta en formación. Si hoy día la tierra tiene un tipo de atmósfera, océanos, continentes, sus climas, su magnetismo, su distancia del sol, etc., no siempre ha sido así. El surgimiento de los continentes de entre las aguas, ha sido posible gracias a cataclismos que ni nos imaginamos.

Nuestro planeta ha sufrido por lo menos, dicen los que saben, cinco extinciones masivas de la vida: la última sucedió hace 65 millones de años, cuando un astro de buen tamaño se estrelló con nuestro planeta, el cual provocó la extinción de los dinosaurios y muchas otras especies.

¿Qué actitud debe mantener el creyente? Todos los seres humanos debemos tomar conciencia de nuestra pequeñez. En momentos pensamos que somos súper  poderosos, que en la actualidad todo lo podemos, con nuestras naves espaciales, con nuestra tecnología, con nuestras armas nucleares. Y hasta nos damos el lujo de contaminar y destruir la única casa habitable que tenemos. Con todo y eso somos demasiado pequeños. Un flamazo de nuestro sol nos puede mandar a la extinción.

¿Por qué Dios no mete las manos para evitar los temblores de tierra, los huracanes, las inundaciones, las sequías, los accidentes, la maldad, los asesinatos, la guerra, etc., etc.?

Nuestro Dios tiene sus planes, tiempos  y procederes. Quisiéramos que la tierra fuera ya un paraíso como esa imagen que nos presenta la Biblia antes del pecado de Adán y Eva. Pero no. El cielo nuevo y la tierra nueva de los que nos habla la Biblia (Apocalipsis 21,1) aún están en la mente de Dios como un proyecto a realizar. Dejemos que Dios vaya perfeccionando esta maravillosa creación según sus planes. Mucho podemos hacer por nuestra seguridad y conservación, lo que, limitadamente, nos toca a nosotros. Jesús nos enseñó a ponernos en las manos de Dios con estas palabras: "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo” (Mateo 6,10).

Por otro lado, el creyente sabe que Dios nos está llamando a la solidaridad. Y eso hemos contemplado maravillosamente que se ha dado en la población más sencilla: los voluntarios, los socorristas, los rescatistas, los que cocinan, etc.

Asumamos y amemos esta naturaleza como Dios la ha creado, con su energía colosal, ante la cual somos sumamente pequeños, y alabemos a Dios: "Antes que los montes fuesen engendrados, antes que naciesen tierra y orbe, desde siempre y hasta siempre tú eres Dios”  (Salmo 90,2)

Su hermano en Cristo:

Pbro. Carlos Pérez Barrera



 


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