Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





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FELICES Y ESPERANZADOS POR EL NUEVO OBISPO

Viernes 1 de diciembre del 2017

Carlos Pérez B., Pbro.

 

"Yo te bendigo, Padre, Señor del cielo y de la tierra, porque has ocultado estas cosas a sabios e inteligentes, y se las has revelado a pequeños. (Mateo 11,25).

 

Hemos celebrado con mucha alegría la ordenación episcopal de nuestro querido hermano Martín Barraza en la ciudad de Torreón. Asistimos bastantes sacerdotes y laicos de esta diócesis de Chihuahua. Es una alegría para toda nuestra Iglesia, pero, si estamos en sintonía con nuestro señor Jesucristo, más alegres debemos estar porque las cosas están cambiando para bien en nuestra Iglesia Universal. Al menos así lo sentimos algunos.

Elegir a una persona para el cargo del episcopado, es una tarea mucho muy delicada. Un buen cristiano hace mucho bien a la Iglesia, un mal cristiano le hace daño a toda la Iglesia de cara al mundo. Igualmente, un buen sacerdote hace mucho bien, un mal sacerdote hace mucho más daño de lo que haría un mal laico. ¡Qué decir de un buen o un mal obispo!

Nuestro Señor Jesucristo, cuando eligió a los Doce, antes se fue al monte y se pasó la noche en oración (ver Lucas 6,12-13). Con ese cuidado la curia romana y el Papa deben elegir a los obispos para las diócesis del mundo. No se trata de elegir a los perfectos, a los intachables; no se trata de elegir con criterios humanos y mucho menos mundanos: por las apariencias, por el exterior, por su prudencia y devoción. Jesucristo no lo hizo así. Eligió pecadores, como lo somos todos, pero de acuerdo a los criterios del Padre: hombres sencillos, pobres, desposeídos de poder y de recursos, hombres transparentes.

Así lo percibimos nosotros ahora: el p. Martín ha sido un sacerdote sencillo, al nivel de las gentes de nuestras barriadas, un hombre de oración y estudio de evangelio. No ha sido un monseñor, aunque así le quieran llamar ahora, es un hombre sin dobles intenciones, no ha tenido aspiraciones de poder o de prestigio; sólo el ánimo de servir.

En la familia del Prado, espiritualidad en la que ha sido formado el nuevo obispo, estamos sumamente felices por esta ordenación. Ahí estuvimos presentes pradosianos de Nogales, Juárez, Chihuahua, Torreón, Guadalajara, Tlalnepantla, Irapuato, México, Tula, del Consejo general del Prado. No aspiramos a ser un escalón para el episcopado, nuestras aspiraciones son las de Jesús, las del Papa Francisco: queremos ser una Iglesia pobre y para los pobres, porque desde esa plataforma resuena con fuerza la buena noticia de la salvación de Dios para todo el mundo. Queremos que esta nueva tendencia se vaya consolidando en la Iglesia.

 

 

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