Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





SALGAMOS A EVANGELIZAR COMO JESÚS

Domingo 4 febrero 2018

Marcos 1,29-39.

Carlos Pérez B., Pbro.

 

Seguimos con la lectura continuada del evangelio según san Marcos. El domingo pasado contemplamos a Jesús en la sinagoga de Cafarnaúm, enseñando y liberando al pueblo del espíritu de la impureza. Ahora lo vemos en casa de Simón y Andrés. Ahí estaba la suegra de Simón. En aquellos tiempos lo más normal era tener suegra. El primer Papa de la Iglesia tenía su suegra y así lo llamó Jesús en su seguimiento y para ponerlo al frente de su Iglesia.

La suegra de Simón estaba en cama con fiebre y se lo comunican a Jesús. La presencia de Jesús en una casa y en un pueblo era transformadora. Las personas no pueden estar presas de enfermedades o de espíritus inmundos porque Jesús las sana y las libera. Esta transformación del entorno de Jesús desde luego que la tenemos que ver de manera integral y profunda. Jesús sana a las personas no sólo por fuera, las transforma desde dentro, y a los pueblos, no sólo a personas en lo individual. Cafarnaúm era una aldea pobre de pescadores. La presencia de Jesús en esa aldea y en toda Galilea fue de una transformación radical. Lo vemos enseguida: a la puesta del sol le trajeron los habitantes de Cafarnaúm a todos los enfermos y poseídos por espíritus inmundos. Este pueblo contempló la expulsión de un espíritu inmundo que obró Jesús en la sinagoga, en sábado, y saliendo de la sinagoga no se atrevieron a quebrantar el descanso del sábado, por eso se esperaron a que se pusiera el sol. Buscar la salud, les va a enseñar Jesús a todos, no es quebrantar el sábado. Pero los judíos sí lo consideraban así, y eso le traería posteriormente muchos problemas a Jesús. Pero Jesucristo no se va a detener en ningún momento por las normas judías. Brindar la salud y la salvación a estas pobres gentes, será su misión y él la cumplirá fielmente.

De madrugada, nos dice el evangelista, Jesús salió de casa y se fue a un lugar solitario para hacer oración. Jesucristo compaginará la misión con la oración. La suya no es una oración devocionista, rezar por rezar. La de Jesús es una oración contemplativa, una oración de discernimiento, una oración que acompaña su labor pastoral. Ya había pasado una buena temporada, pensamos que larga, en la soledad del desierto. Ahora en la actividad no dejará la oración de lado, lo vemos en varias ocasiones en este evangelio: después del milagro de los panes, en el monte de la transfiguración, en el huerto de los olivos, etc.

Este debe ser un hábito en todo cristiano. Salir a trabajar, vivir en familia, dedicarle tiempo a los quehaceres cotidianos y a las preocupaciones, estar con los amigos, pero en medio de todo eso, el cristiano se ha de dar tiempo, un buen tiempo para estar en oración, para la misa dominical, para la escucha de la Palabra de Dios. No puede haber vida cristiana sin ese recurso tan rico y tan provechoso. Sin esta oración profunda de escucha y contemplación, más que de rezo, la vida cristiana se va quedando vacía, se va haciendo superficial y estéril. ¿Cómo hacer para que todos nuestros católicos vayan entrando en este hábito que nos enseña Jesús con su ejemplo? Todos los que estamos aquí debemos promover una Iglesia orante.

Y después de la oración, Jesucristo no se dejará atrapar por los requerimientos inmediatistas de la gente; él, con toda claridad, les dice a los discípulos que tiene que ir a los otros pueblos, a predicar el Evangelio, porque para eso ha salido. Y esta es la misión de la Iglesia, predicar el evangelio a todas las gentes, a nuestra sociedad, para eso estamos aquí, para eso nos ha llamado Jesús. No es lo mismo invitar a las gentes a actos de devoción que anunciarles la buena nueva de Jesús. Desde el principio lo leímos en el evangelio: Jesús llamó a estos pescadores para hacerlos pescadores de hombres. También a nosotros así nos llama: para salir al encuentro de nuestra sociedad y evangelizar a todos, partiendo de los más pobres, como Jesús; que la gente conozca a Jesús, que acoja la salvación de Dios que se obra en él, que rectifiquen sus vidas y sus caminos de acuerdo a sus enseñanzas, que se entreguen a los demás así como nos lo enseña Jesús. Eso es evangelizar. San Marcos es lo que hace al dejarnos este escrito tan maravilloso, evangelizarnos. El evangelio que escribió la comunidad de san Marcos, no es un conjunto de devociones, o de normas morales o cultuales. No. El evangelio es la buena noticia de una Persona: Jesús.

 

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