Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





JESÚS ES NUESTRA PAZ

D. 1 diciembre 2019. 1º de adviento

Mateo 24,37-44.

Carlos Pérez B., pbro.

 

Comenzamos el adviento. Esta palabra significa ‘venida’. Nos referimos con ella a la venida de nuestro Señor Jesucristo, a quien queremos recibir de nuevo en esta navidad, como cuando nació hace 2 mil años, pero sobretodo, a quien estamos esperando que venga a darle plenitud a nuestro devenir humano, al devenir de toda la creación. ¿A qué le llamamos plenitud? Al salto, permítanme decirlo así, de la animalidad en que todavía estamos atrapados los seres humanos, a la espiritualidad, a la verdadera humanidad, tal como es convicción nuestra que se realizará en Jesucristo nuestro Señor.

El profeta Isaías en este cántico bellísimo de la primera lectura, tan adecuado para nuestros tiempos de guerra y de violencia, nos anuncia, quizá de manera ingenua, el tiempo de paz que nos viene a traer el Salvador. Que escuchen los que fabrican armas, los que las comercian, los que las usan: tiene que llegar un tiempo en que nos demos cuenta que no sirven para otra cosa más que para matar. Quienes las usan como deporte, ya sea para matar animalitos o para tirarle al blanco, bien podrían renunciar a ello en bien de toda la humanidad: "De las espadas forjarán arados y de las lanzas, podaderas; ya no alzará la espada pueblo contra pueblo, ya no se adiestrarán para la guerra”. No sé si los tanques de guerra se pudieran convertir en tractores, los aviones cazas en trasportes de pasajeros… y con las bombas atómicas quién sabe. Ya se nos ocurrirá algo. Por lo pronto, el Papa Francisco, en su visita a Hiroshima y Nagasaki las condenó con estas palabras: ‘El uso de armas nucleares es inmoral… y no sólo el uso, sino también la posesión’.

Los cristianos debemos soñar como el profeta en la llegada de este tiempo de paz, y buscar activamente esa paz. Jesucristo es nuestra verdadera paz y alegría.

En el evangelio, nuestro Señor, nos describe de manera breve y profunda, como es propio de él, la vida rutinaria en que estamos atrapados la mayoría de los seres humanos: "antes del diluvio, la gente comía, bebía y se casaba, hasta el día en que Noé entró en el arca. Y cuando menos lo esperaban, sobrevino el diluvio y se llevó a todos”. Y si vamos a san Lucas, agrega algo más: "en los días de Lot comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, construían; pero el día que salió Lot de Sodoma, Dios hizo llover fuego y azufre del cielo y los hizo perecer a todos” (Lucas 17,28). San Pablo en la segunda lectura abunda aún más en nuestra manera de vivir, y esto nos viene especial para este mes de diciembre: "Nada de comilonas ni borracheras, nada de lujurias ni desenfrenos, nada de pleitos ni envidias. Revístanse más bien de nuestro Señor Jesucristo”.

En adviento renovemos e intensifiquemos la esperanza, esa virtud tan propia de los cristianos y que debe serlo de todos los seres humanos. No queremos esta vida, este mundo, esta sociedad, esta humanidad tal cuales las estamos viviendo: queremos un tiempo nuevo, queremos ser hombres y mujeres nuevos, renovados desde el interior por el Espíritu de Jesucristo. Que así lleguemos a la navidad. Tenemos 24 días para intensificar la espera, la vigilancia, para disponer toda nuestra vida al encuentro con Jesucristo que viene a nosotros.

 

 

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