Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





EL QUE SÍ SE PREOCUPA POR LAS PERSONAS

Domingo 3 mayo 2020

4º de pascua, del Buen Pastor

Carlos Pérez B., pbro.

 

Recordemos que en el capítulo anterior (san Juan no le puso capítulos a su evangelio, sino que lo escribió todo seguido) el evangelista nos narra la señal de la transformación radical y completa de un limosnero ciego de nacimiento, un milagro o señal que provocó todo un conflicto, tanto de los fariseos con este pobre hombre como también con Jesús. Las parábolas de ‘la Puerta’ y del ‘Buen Pastor’ son el desenlace de esta curación profunda. Versículos antes del pasaje de hoy domingo, Jesús, muy molesto por sus resistencias a abrirse a la Obra de Dios, les había dicho en su cara: "Para un juicio he venido a este mundo: para que los que no ven, vean; y los que ven, se vuelvan ciegos. Algunos fariseos que estaban con él oyeron esto y le dijeron: ¿Es que también nosotros somos ciegos? Jesús les respondió: Si fueran ciegos, no tendrían pecado; pero, como dicen, ‘vemos’, su pecado permanece” (Juan 9,39-41). Y aquí sigue la parábola de hoy que debemos tomar en ese polémico contexto.

Antes de decirnos que él es el Buen Pastor, nos dice que él es la Puerta por donde entran las ovejas. Los escribas y fariseos y demás autoridades religiosas del pueblo, le habían cerrado la puerta de la salvación, de la gracia, del amor de Dios, a los pobres, a los pecadores, extranjeros, a los enfermos, a las mujeres, etc. El Dios que ellos mostraban con hechos y palabras era un Dios selectivo, un Dios para unos cuantos que eran cumplidores estrictos de la ley de Moisés, no tanto de la voluntad de Dios sino de una ley interpretada al pie de la letra y cumplida superficialmente.

¿Cómo es que ellos se habían molestado con el ciego y con Jesús sólo porque lo curó en sábado? ¿Por qué no se entusiasmaron por esa señal? ¿Acaso era mejor que este hombre hubiera permanecido en la oscuridad física y espiritual? Por eso Jesús los declara ciegos: ‘los verdaderos ciegos son ustedes, no este hombre’. Parece ser que las religiones son especialistas en crear ciegos, gente cerrada de mente y de corazón. En otro evangelio escuchamos una denuncia parecida que lanza Jesús contra los dirigentes del pueblo de aquel tiempo que nos ayuda a comprender mejor su misión en este mundo: "¡Ay de ustedes, escribas y fariseos hipócritas, que cierran a los hombres el Reino de los Cielos! Ustedes ciertamente no entran; y a los que están entrando no les dejan entrar” (Mateo 23,13).

Jesucristo, en cambio, se declara, con sobrada razón por su praxis liberadora, como la puerta abierta por donde entran las ovejas, a la gracia, al amor de Dios, a su salvación. Es una puerta por donde se entra gratuitamente, como son todas las cosas de Dios. Toda la labor realizada por Jesús en Galilea que concluye en Jerusalén, toda su Persona, fue una misión incluyente: los pecadores, conviértanse porque el Padre los quiere en su reino; los pobres, que nadie los excluya; los extranjeros, aquí no hay discriminaciones; los creyentes en otras religiones, como la sirofenicia, los habitantes de la Decápolis, los samaritanos, vénganse conmigo, yo les abro la puerta para que entren en la comunión con Dios. Desde luego que Jesucristo no utilizó exactamente estas palabras que yo pongo en su boca, pero a esa conclusión llegamos contemplando su ministerio de proclamación del reino y de milagros; incluso sus conflictos los leemos con una óptica de inclusión.

Bueno, si Jesús nos dice que él es la puerta por donde entran las ovejas y que todos los que han venido antes que él son unos ladrones y bandidos, pues nosotros le creemos con todos sus puntos y sus comas. Y desde luego que nos ponemos a revisar nuestra labor pastoral eclesial porque sus pedradas nos llegan hasta el corazón, especialmente a los clérigos actuales. Repensemos y revisemos nuestra religiosidad católica: ¿nos preocupamos sólo por unos ritos y unas prácticas devotas, sobre todo en estos tiempos de coronavirus, o de veras tenemos puesto nuestro corazón en las personas, en los más necesitados?

Por esto no dejo de insistir en que nos pongamos todos, clérigos y laicos, a estudiar los santos evangelios, a estudiar a Jesucristo.

 

 

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