Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





JESUCRISTO NOS ENVÍA A HACER DISCÍPULOS

Domingo 24 de mayo de 2020

La ascensión del Señor

Carlos Pérez B., pbro.

 

Esta fiesta de la Ascensión, que es parte del tiempo de pascua, la Iglesia la celebra en jueves, precisamente en el 40º día de la resurrección de Jesús, como lo escuchamos en la primera lectura. Pero en México los obispos la han trasladado al domingo para dar oportunidad que más católicos participen en ella. Aunque lamentablemente, en este año, ni en jueves ni en domingo nuestra gente podrá congregarse en los templos. Ya sólo falta una semana para que podamos hacerlo, al menos de poquitos en poquitos. Esperemos en Dios que así sea. Así nos lo prometieron, así nos lo tienen que cumplir. Y debemos aceptar que no vamos a estar toda la vida escondidos debajo de la cama por miedo al nuevo virus. Tenemos que educarnos para actuar más inteligentemente en esta pandemia, que no se va a terminar el 30 de mayo, sino que va a permanecer hasta no sabemos cuándo. Pero nuestras familias tienen que salir a buscar el sustento, esto urge más que la escuela de los niños o nuestros grupos de iglesia (hemos de aprender a vivir nuestra fe hasta en el confinamiento de una cárcel). Continuar con esta economía paralizada puede resultar más catastrófico que la misma epidemia, especialmente para los más pobres.

Así es que, en este día, celebramos, cada quien en su casa, a Jesucristo crucificado, muerto y resucitado, el que vive en plenitud y a la plenitud nos llama. Hoy lo contemplamos subiendo a los cielos. El paso de Jesús a una nueva forma de presencia entre nosotros, cada evangelista lo expresa de diversa manera. Mateo no nos habla de subir, sólo de quedarse en su comunidad misionera (enseguida lo comentamos). Marcos, en su primer final, sólo nos habla de ir a Galilea, para ver a Jesús allá. En el segundo final de Marcos, que parece más bien de tradición lucana, sí habla de haberse elevado al cielo. Lucas, por su parte, también habla de subir al cielo, lo leemos en el evangelio y en el libro de los Hechos, que ambos escritos son de san Lucas. Y finalmente, el evangelio según san Juan, nos habla de que Jesús se hace presente en la reunión de los discípulos, tanto en la sala donde se juntan (cap. 20), como en la orilla del mar (cap. 21). ¿Qué significa esta diversidad de versiones? Que se trata de una diversidad de experiencias de la presencia del Resucitado en sus discípulos y en su manera de continuar con su obra salvadora del mundo. Y esta diversidad no se reduce a los cuatro evangelios, sino a todo el caminar de la Iglesia a través de los siglos.

Pues bien, hemos escuchado la versión de san Mateo. Jesucristo resucitado, estando en Jerusalén, los había enviado a Galilea. Esta región, cuya gente era considerada medio alejada de la religión judía, había sido el epicentro (como se usa decir hoy día, a propósito de la pandemia) del Evangelio, la buena noticia de la gracia, de la salud, de la salvación, de la alegría, de la felicidad, el evangelio del amor de Dios, de la fraternidad, de la paz, de la justicia divina, de la misericordia, etc., etc., reveladas y vividas en la persona de Jesús. Por eso ¿qué hace Jesús como ‘culmen’, como final y continuidad de su obra? Pues nos envía con un encargo muy claro que hasta el momento no estamos cumpliendo cabalmente los cristianos: "Vayan y enseñen a todas las naciones, bautizándolas en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándolas a cumplir todo cuanto yo les he mandado”. Así lo hemos leído en el leccionario del misal romano.

Yo prefiero la traducción de la Biblia de Jerusalén que dice: "Vayan y hagan discípulos a todas las gentes”. Son cuatro verbos diferentes en dos tiempos gramaticales: Ir y hacer discípulos son imperativos; bautizar y enseñar, son participios activos. San Mateo utiliza un verbo que no existe en español: ‘discipulen’. Por eso se traduce: "hagan discípulos”. ¿Es lo mismo? Pues no es lo mismo enseñar que hacer discípulos. Es posible que a uno le enseñen muchas cosas en una escuela o en una academia. Pero hacer discípulo, discípula a una persona, es algo mucho más completo, más profundo, más existencial, más espiritual. ¿Qué es un discípulo? Habría que constatarlo página por página en cada uno de los cuatro evangelios, que fue el trabajo que hizo Jesucristo con aquellos y que tiene que hacer con nosotros. Ser discípulo es la identidad de cada uno, nuestro ser en relación con Jesús, el Maestro. Uno nunca podrá decir: ‘Jesucristo me enseñó y yo ya aprendí’. Desde luego que no. Jesucristo siempre será mi Maestro y yo siempre seré su discípulo, Jesucristo siempre me estará formando, moldeando, conduciendo. Y entre más sea yo una materia dura, más trabajo tendrá que realizar él.

Esta tarea, que hemos de ir comprendiendo cada vez mejor, es la misión que Jesucristo nos confía. Se refiere a todos los seres humanos. Jesucristo no dice ‘vayan y bauticen’. Dice ‘vayan y hagan discípulos’. Bautizar es un momento, enseñar a vivir el evangelio que nos dejó Jesús, es la tarea permanente. Pero tu identidad será ser discípulo. ¡Qué fácil la hemos tomado en la Iglesia!, sólo bautizamos sin hacer verdaderos discípulos. Hacer un discípulo, sin imposiciones, es una tarea ardua, y eso hizo Jesús.

Este jueves, el mero día de la ascensión, el Papa Francisco ha dirigido un mensaje, con instrucciones muy concretas a Obras Misionales Pontificias, que son los encargados de apoyar a los diversos misioneros en tierras lejanas. Entre los varios puntos que me llaman la atención de este mensaje destaco éste: la labor misionera de la Iglesia y de cada cristiano ha de ser atrayente, no proselitista ni impositiva. La fuerza de atracción es la que ejercen Jesucristo y su santo Espíritu sobre el corazón de hombres y mujeres.

 

 

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