Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





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JESUCRISTO POR ENCIMA DE TODO

Domingo 28 de junio de 2020

13º ordinario

Carlos Pérez B., pbro.

 

Por tres domingos hemos repasado el capítulo 10 de san Mateo. Jesucristo llamó a 12 de sus discípulos para enviarlos a sanar y a evangelizar a las gentes, por ellas sentía compasión. No los quiere enviar así nomás. En este capítulo 10 encontramos las instrucciones, advertencias y palabras de ánimo y de gracia que les dio Jesucristo para enviarlos. No tomemos estas instrucciones como un mero listado de encargos. Más bien son un resumen de la formación que el Maestro quiere realizar, poco a poco, en todos sus enviados, incluidos nosotros. Tomémoslas como una formación permanente para una misión permanente, de las que tanto hablamos ahora.

En este capítulo 10 nos habla claramente de cuál es la misión: "vayan proclamando que el Reino de los Cielos está cerca”. Nos habla de la pobreza de los enviados, de su disposición y gratuidad: "No lleven oro ni plata… Gratis lo recibieron; denlo gratis”. Pero nos advierte: "los envío como corderos en medio de lobos”. Por eso nos dice que nos esperan persecuciones, tribunales, azotes, hasta traiciones y muerte. Sobre aviso no hay engaño. Las sectas religiosas que nos prometen bienestar, prosperidad de manera inmediatista, están falseando el mensaje de Jesús. Los tantos mártires que enriquecen a nuestra Iglesia son la prueba de verdad del cumplimiento de las advertencias de Jesús.

Es a propósito de estas promesas que Jesús nos dice en los versículos 34-36 que no se leen hoy: "No piensen que he venido a traer paz a la tierra. No he venido a traer paz, sino espada. Sí, he venido a enfrentar al hombre con su padre, a la hija con su madre, a la nuera con su suegra; y enemigos de cada cual serán los que conviven con él”. Con estas palabras precedentes, entendemos mejor lo que sí hemos escuchado en el evangelio de hoy: "El que ama a su padre o a su madre más que a mí, no es digno de mí…”

Estas enseñanzas de Jesús posiblemente produzcan un poco de escándalo y de rechazo en muchos de nuestros católicos. Nos gusta lo bonito del evangelio y de la religión, sobre todo de nuestras celebraciones. Pero no debemos pasar por alto que al mismo Jesús lo mataron en una cruz con lujo de violencia y de sentimientos negativos. Somos portadores de la buena noticia de que el reino de los cielos está cerca. ¿La consideramos en verdad una buena, una bella noticia para la humanidad? Si es así, hasta podemos dar la vida por ella, como nuestro Maestro. El ‘problema’ es que la llegada del reino de Dios requiere conversión, cambio profundo del corazón, de la vida, de las estructuras en que hemos metido la vida de los seres humanos, un cambio en nuestros criterios y prioridades. Por eso la respuesta del mundo (entiéndase gran parte de la humanidad) es el rechazo a tan maravillosa propuesta que nos hace Dios en su Hijo Jesucristo. Y es un rechazo violento, a muerte.

El verdadero discípulo ha de colocar al Maestro en el centro de su vida, muy por encima de nuestros intereses personales, amores, seres queridos, afanes, ilusiones, proyectos, inclinaciones, etc. El verdadero cristiano, la verdadera cristiana, es aquel-aquella que ama a Jesús por encima de todo y por encima de todos. Muchos de nuestros católicos no han sido formados en este amor por Jesús como la cuestión principal de su fe y de su vida. Esta decisión u opción radical es para lo que tenemos que trabajar pausadamente a todos nuestros católicos, y a todos los destinatarios del evangelio, a toda la humanidad. Revisemos nuestra labor pastoral. ¿Qué acciones emprendemos para que no sea una religiosidad sino la persona de Jesús la que llegue al corazón de nuestros católicos?

Empecemos por estudiar todos los días las páginas de los santos evangelios, para que vayamos conociendo a Jesús con verdad, a través del testimonio más válido sobre él como son los evangelios revelados. Ahí en esa lectura cotidiana, le permitiremos a Jesús que nos vaya formando en las prioridades suyas.

 

 

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