Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




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JESUCRISTO NOS ‘PERTENECE’ A TODOS

Domingo 3 de enero de 2021

Mateo 2,1-12.

Carlos Pérez B., pbro.

 

Continuamos celebrando la natividad de nuestro Señor Jesucristo. Esta fiesta de la Epifanía nos ayuda a permanecer en este espíritu de navidad. No es la fiesta de los reyes magos como gusta de llamarle el comercio y mucha gente, sino la fiesta de Jesús que se manifiesta a todos los pueblos, representados en estos magos del oriente. La Iglesia universal la celebra el 6 de enero, pero en México los obispos la han trasladado al domingo para dar oportunidad a que todos los católicos participen en ella. Epifanía quiere decir ‘manifestación’, ‘darse a conocer’, y se refiere a Jesucristo que se da a conocer a los pueblos del mundo como la luz, el amor, la paz de Dios para todos, no sólo recién nacido, sino todos los días de su vida mortal, entre los pecadores, los pobres y los enfermos, la luz de la vida para este mundo atrapado en las tinieblas de la muerte, del odio, del egoísmo. En su corporalidad manifiesta a todo un Dios tripersonal, porque en él se manifiesta el Padre y el Espíritu Santo.

Fijémonos a detalle en lo que leemos en el evangelio según san Mateo. Jesucristo no es para un grupo selecto de personas, así se llamen católicos, cristianos o creyentes. Este Niño nacido en Belén es universal, es para todos, les pertenece a todos. Es un Niño que manifiesta que Dios que es salvación y se da a sí mismo a partir de los pobres, de los pequeños.

Veamos. Dice san Mateo que Jesús nació en Belén en tiempos del rey Herodes. Se trata de Herodes el grande, el que reinaba en todo el país de Israel. Éste era un tirano, un amante del poder y de sí mismo, un genocida, como se deja ver más delante, un hombre sin entrañas. Por ese entonces, llegaron a Jerusalén, no a Belén, unos magos (no dice reyes) que venían del oriente, de ese misterioso oriente que tenía fama de ciencia y sabiduría. Llegan buscando ‘al rey de los judíos que acaba de nacer’. Ellos no sabían que su pregunta era una grande imprudencia. Seguramente pensaban que el padre de este recién nacido era el mismo rey Herodes. El rey en turno conocía bien la mentalidad de los judíos, quienes estaban esperando a un Mesías, el cual desde luego que no era el mismo Herodes ni ninguno de sus descendientes.

Herodes no envía a los magos al templo de Jerusalén. Qué bueno que no, porque en el templo no los habrían aceptado por nada del mundo, ya que eran paganos, creyentes en otros dioses, incircuncisos para más decir. Asesorado por los sumos sacerdotes y por los escribas, que conocían las sagradas escrituras, los envía a Belén, pero con malas intenciones, para darse cuenta si efectivamente ahí estaba el Rey recién nacido y mandar eliminarlo, sin ninguna compasión.

El Niño que nació en Belén era mucho más que un rey del pueblo judío. Era el enviado del Padre para hacer palpable su reinado, un reinado no de poder, de tiranía, sino de salvación, de gracia, de amor, de misericordia, de paz. No espiritualicemos este reinado, porque bien que tiene que ver con nuestras realidades humanas, con las pretensiones egoístas de tantos personajes, con los intereses materialistas de nosotros, con nuestros narcisismos y afanes de dominio.

Este Rey recién nacido no se hará del poder humano en el pueblo, en ningún momento, nos lo dicen las demás páginas de los santos evangelios. Este Rey se despojará de sí mismo para darse a todo el mundo, a partir de los pobres, de los desposeídos, de los excluidos. Se hará nada para ser universalmente todo para los demás. Si en el templo de Jerusalén no habrían sido bien recibidos estos magos, en el portal de Belén bien que son acogidos, como modelo de creyentes, porque llegaron para adorar al Dios que ellos no conocían y sin embargo, tuvieron la dicha de contemplarlo en la pequeñez de un niño. No se les exigió que hicieran una profesión de fe en la ley de Moisés, ni en la teología de los cristianos. No se trataba de una ideología sino de una Persona.

Así hay que decirlo hoy día, nuestra sociedad es cada vez más secularizada, menos religiosa. Es bueno, porque Jesucristo no vino a dejarnos un tipo de religiosidad, sino, en su misma persona, nos vino a traer la salvación de Dios, (repito) su paz, su amor, su justicia, su armonía, la fraternidad de todos los seres humanos. Esto es algo que los católicos tenemos que llegar a comprender y vivir. Jesucristo no es propiedad de nosotros, no lleva impreso el derecho de copia de nadie. Es un regalo de Dios para todos los seres humanos, y nuestro afán es que así todos lo conozcan y crean en su Buena Noticia.

 


 

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