Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





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JESUCRISTO NOS DEJA IMPACTADOS

Domingo 31 de enero de 2021, 4° ordinario

Marcos 1,21-28.

Carlos Pérez B., pbro.

 

Después de llamar Jesucristo a sus primeros discípulos en su seguimiento, a orillas del mar de Galilea, se van a Cafarnaúm, y el sábado entran a la sinagoga y ahí se puso a enseñar. Habría que subrayar esta palabra porque es una presentación recurrida que hace el evangelista de Jesús. Por algo lo reconocemos como Maestro, y quienes acostumbran leer diariamente los evangelios, pueden afirmar categóricamente que sí lo es. Jesús gusta de enseñar y nosotros gustamos de ser enseñados por él. Nos dice san Marcos que la gente de Cafarnaúm quedaba asombrada de su "enseñanza” (en griego didajé). No eran solamente palabras, como traduce el leccionario, porque sus milagros y todo su comportamiento, y toda su persona, son una enseñanza. Una prioridad pastoral de nuestra Iglesia debe ser poner a nuestros católicos a la enseñanza de Jesús. No solamente les debemos brindar celebraciones y sermones ocasionales, por bellos que sean. Lo más bello es dejarse enseñar personalmente por Jesús.

Nos dice el evangelista que ahí se encuentra y se topa Jesús con el espíritu de la impureza. Su expulsión no es un mero milagro que, en épocas mágicas nos llama tanto la atención. Conviene que acojamos este milagro con más profundidad y detenimiento. Si el evangelista san Juan habla del primer milagro de Jesús realizado en las bodas de Caná, san Marcos nos dice que Jesús inaugura su ministerio de milagros con esta expulsión del espíritu impuro; y en verdad es como una síntesis de lo que será toda su obra.

Tomemos en cuenta que no se trata de un antro o una cantina o un lugar de perdición, no, se trata de una sinagoga, ahí donde se proclama y se comenta la sagrada Escritura. ¿Qué hace ahí el espíritu de la impureza en un lugar santo? ¿Qué significado tiene esto? Podemos pensar varias cosas. Una, que la manera como se leía y comentaba la Palabra, estaba viciada, era una lectura impura, tal como la presentaban los escribas al pueblo. Dos, quizá la misma ley de Moisés, no sólo su interpretación, estaba impregnada de impureza, porque no expresaba cabalmente la voluntad misericordiosa de Dios, sino que caía en la exclusión, en el legalismo. Tres, posiblemente el evangelista nos quiera decir que el espíritu de la impureza lo tenía este pueblo galileo, así considerado por los judíos de Jerusalén. Y en verdad que Jesucristo vino a purificarlos, como lo podemos ver a lo largo del evangelio: los enfermos y endemoniados que se agolpan a las puertas de la casa de Simón, el leproso, el paralítico, los pecadores en casa de Leví, las mujeres impuras, etc. La tarea de Jesús va a ser una labor purificadora e incluyente: todos los excluidos o descartados, vengan, Dios los está esperando con los brazos abiertos.

San Marcos no nos transcribe la enseñanza o algún discurso pronunciado por Jesús ahí en la sinagoga. Nosotros también queremos sorprendernos por su sabiduría, por la fuerza y el poder de sus palabras, pero sólo hasta el capítulo 4 nos ofrecerá el evangelista un discurso verbal de Jesús. Total, que la gente se sorprendía por la autoridad con que les hablaba, o quizá no solamente les hablaba, sino que acompañaba su enseñanza con el milagro de la expulsión, y el mismo testimonio de su Persona, de su coherencia de vida. Los escribas no le enseñaban así al pueblo. ¿Cuál era la manera de enseñar de los escribas? Le leían al pueblo la Biblia en hebreo y se la comentaban en arameo, que era propiamente la lengua que hablaban todos los de la región de Canaán. Pero la ley de Moisés y los profetas no tenían la misma fuerza y la gracia, la misericordia y la salvación que el Evangelio de Jesús, que la entera Persona de Jesús. Quizá nos dé a entender el evangelista que a los escribas lo que les faltaba eran obras, milagros, quizá despreciaban a los pobres galileos haciéndoles ver que eran unos impuros. Es posible que también en la Iglesia de hoy, los nuevos escribas le hagamos sentir al pueblo lo mismo, en vez de hacerles llegar la Buena Noticia de Jesús, el Hijo de Dios, como lo menciona el primer versículo de este evangelio, y en vez de esto le hagamos llegar al pueblo la devoción, el culto, la moral, la ley, como si fuera lo primero y más importante.

Esta gente pobre y marginada de Cafarnaúm se queda positivamente sorprendida e impactada por Jesús. A partir de este primer milagro, también nosotros nos quedamos con él, y queremos caminar tras él en las páginas de este evangelio. La fama de Jesús se ha extendido por toda la historia y por todo el planeta, pero ni siquiera nuestros católicos tienen acceso a los santos evangelios como para sorprenderse por la novedad de Jesucristo.

 


 

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