Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





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No le quitemos su corporalidad al Resucitado

3er domingo de pascua, 18 de abril de 2021

Lucas 24,35-48.

Carlos Pérez B., pbro.

 

Los cuatro evangelistas dedican muy poco espacio para relatarnos los encuentros que Jesucristo resucitado vivió con sus discípulas y sus discípulos. En cambio, dedican muchas páginas para presentarnos las enseñanzas, los milagros, los encuentros de Jesús con multitudes, con grupos pequeños o encuentros individuales; algunos conflictos que afrontó con sus adversarios, etc. ¿No nos parece desproporcionado esto? Claro que no. Si aprendemos a leer los cuatro evangelios con una mirada pascual, tendremos que reconocer que en realidad todas las páginas nos hablan del Jesús resucitado.

Algo así es la insistencia de san Lucas, y sobre todo de Jesús, en este encuentro con sus discípulos(as) una vez que ha resucitado. Nos platica este evangelista las cosas así: primero, muy temprano, fueron las mujeres las que recibieron la noticia de que Jesús había resucitado. Unos hombres con vestidos resplandecientes les dijeron: "¿por qué buscan entre los muertos al que está vivo?” Y añadieron: "Recuerden cómo les habló cuando estaba todavía en Galilea, diciendo: Es necesario que el Hijo del hombre sea entregado en manos de los pecadores y sea crucificado, y al tercer día resucite. Y ellas recordaron sus palabras”.

Enseguida, pasa el evangelista a relatarnos la caminata que tuvo Jesús con dos de sus discípulos, que no eran de los doce. Jesucristo aprovechó esta marcha de unas dos horas para hablarles de las Escrituras, las cuales hablan de él. Los regañó por su tardanza para entenderlas. Su regaño estaba centrado prácticamente en esto: "¿No era necesario que el Cristo padeciera eso y entrara así en su gloria?” Y nosotros extenderíamos esta pregunta a todo el evangelio diciendo: ¿no era necesario que el Cristo se encarnara en la pobreza, en el seno de una jovencita pueblerina, que naciera en un portal, que fuera amigo de pecadores, que se juntara con los contaminados, que fuera torturado, rechazado por las autoridades judías y crucificado como un criminal para que se manifestara como el Salvador y el Señor de la vida?

Esta misma insistencia de Jesús la podemos captar en toda esta serie de cosas que le dice a todo el grupo ante la resistencia de ellos para creer en él: 1- "Soy yo… Miren mis manos y mis pies. Soy yo en persona”. 2- "Tóquenme y convénzanse: un fantasma no tiene ni carne ni huesos, como ven que tengo yo”. 3- "Y les mostró las manos y los pies”. 4- "¿Tienen aquí algo de comer? Le ofrecieron un trozo de pescado asado; él lo tomó y se puso a comer delante de ellos”. 5- "Tenía que cumplirse todo lo que estaba escrito de mí en la ley de Moisés, en los profetas y en los salmos”. 6- "Entonces les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras y les dijo: Está escrito que el Mesías tenía que padecer y había de resucitar de entre los muertos al tercer día”, 7- "y que en su nombre se había de predicar a todas las naciones, comenzando por Jerusalén, la necesidad de volverse a Dios para el perdón de los pecados. Ustedes son testigos de esto”.

Ante esta andanada de cosas, nosotros concluimos lo siguiente: No podemos engolosinarnos, como algunas religiosidades católicas y no católicas lo hacen, con la resurrección de Jesucristo tanto, al grado de dejarlo vacío de su Evangelio: ‘Jesús está vivo’, ‘Jesús está aquí’, ‘Jesús vive en mi corazón’, etc. Todo esto es cierto, siempre y cuando no dejemos de lado la vida encarnada de Jesús.

Por eso, Jesucristo resucitado se nos convierte con frecuencia en un rollo, en un discurso repetitivo pero carente de contenido, en una ideología religiosa desprendida de los santos evangelios. Se nos olvida el pobre de Nazaret, se nos olvida que para ser el salvador del mundo fue primero el salvador concreto de todos esos pobres y excluidos de su tiempo que vivían en Galilea, se nos olvidan los conflictos que vivió con los líderes religiosos de su tiempo, y por ende, pasamos por alto que Jesús resucitado nos sigue llamando a la conversión (que aquí menciona claramente pero que el Leccionario traduce como ‘volverse a Dios’) y continúa estando en conflicto con todos aquellos que sobreponen su religiosidad a los planes de Dios… y por ello, somos católicos y eclesiásticos aunque tengamos un conocimiento tan precario, si no es que nulo, de los santos evangelios. "Miren mis manos y mis pies” = Miren mi cuerpo, no me conviertan en un fantasma.

 


 

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