Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     




NO DUDEMOS EN ACOGER EL NACIMIENTO DE JESÚS EN LA POBREZA

Domingo 4° de adviento, 21 de diciembre de 2025.

Isaías 7,10-14; Mateo 1,18-24.

 

Escuchamos la anunciación a san José de la encarnación del Hijo de Dios en el evangelio según san Mateo. San Lucas, el evangelista, pone su atención en el anuncio a la virgen María. Convendría complementar ambos pasajes en nuestra lectura personal en casa. El relato de san Mateo es ciertamente una mirada más masculinista, que distingue a este evangelio. Los estudiosos de la Biblia nos dicen que de los cuatro evangelios, el de Mateo es el más inserto en el ambiente judío, por eso, es el que más pone el acento en la línea legal de la dinastía de José. Jesucristo será de la tribu de Judá, de la dinastía real de David, no por la línea consanguínea sino por la vía legal, que se la da José.

Sólo Lucas y Mateo nos hablan del nacimiento de Jesucristo. Lo propio de Lucas es la anunciación del ángel Gabriel a María, el nacimiento en el portal de Belén, los pastores, etc. Lo propio de Mateo es la revelación a José en sueños, la visita de los magos, la huida a Egipto.

José y María estaban casados legal y religiosamente, pero aún no iniciaban su vida juntos, como se acostumbraba en aquella cultura religiosa. Primero se celebraban los esponsales y cada quien se iba a su casa. El novio preparaba los festejos para ir luego por la novia y traérsela a su casa donde eran recibidos con fiesta. En ese ínterin María resultó que estaba embarazada por obra del Espíritu Santo. Nada se le dijo previamente de parte de Dios a José. No se le consultó, mucho menos Dios le tenía que pedir permiso. Y así lo debemos vivir los que nos decimos creyentes. Se puso a prueba su fe y su obediencia a los santos planes de Dios.

Al enterarse José de que María estaba encinta, decidió repudiarla por obediencia a la sagrada Escritura, aunque no al pie de la letra sino ya con una actitud propiamente cristiana. El ser justo no se refiere a su moralidad, sino a su obediencia a la justicia o voluntad de Dios. Si María no era suya sino de otro (en su ignorancia), él tenía que dejarla libre, era su obligación (o más bien denunciarla en público).

Pues bien, san Mateo pone su atención en san José, y nos lo presenta como una persona verdaderamente creyente. Era un hombre justo, repito, no por la justicia de los hombres sino en la justicia o voluntad de Dios, un escucha de su Palabra, un escucha obediente, un hombre que discurría ("mientras pensaba en estas cosas”), y que supo discernir esa voluntad, en el silencio, en la oración, en sueños, una imagen recurrente de la Biblia para presentarnos el discernimiento de los planes de Dios: a Jacob, Dios se le reveló en sueños (Génesis 28,12); a José, el hijo de Jacob, su futuro en Egipto (Génesis 37,9); Samuel, el profeta, escuchó el llamado de Dios (1 Samuel 3,4); el profeta Daniel recibía revelaciones en sueños (Daniel 7,1). También a los magos del oriente Dios les comunicó en sueños que no volvieran con Herodes (Mateo 2,12). Esa figura de los sueños es la manera de la que se vale la Biblia para presentarnos las cosas. No debemos aprovecharnos nosotros para decirnos que más vale pasárnosla dormidos para que Dios nos hable. Sí debemos aprovechar y buscar los silencios en medio de nuestros ruidos, u otras muy diversas situaciones para escuchar a Dios. Mejor pongámonos a estudiar la Biblia, especialmente los santos evangelios, cada día, para ir discerniendo la voluntad de Dios.

En un principio, pues, José piensa obedecer a la ley de Moisés, drástica, y a nuestro parecer anticristiana. José es judío, no se nos olvide. La ley de Moisés le pedía a todo judío algo diferente: "si no aparecen en la joven las pruebas de la virginidad, sacarán a la joven a la puerta de la casa de su padre, y los hombres de su ciudad la apedrearán hasta que muera” (Deuteronomio 22,20). Esto es un ejemplo para nosotros, como Iglesia. Lo importante, por encima de lo que está escrito y muy por encima de nuestras reflexiones y de nuestra disciplina eclesiástica, está la voluntad de Dios, la que debemos discernir en todo momento, como el mismo Cristo lo vivió en su Persona. José estaba obligado a obedecer a Moisés pero Dios le cambia sus planes. Pues esto último es lo que hace él para ejemplo de nosotros. En nuestros tiempos, por ejemplo, la Iglesia no acepta la pena de muerte (a pesar de que la Biblia la establece en infinidad de casos), no sólo en este caso sino en todos. Hemos discernido, a la luz de la Persona y las enseñanzas de Jesús, que están muy por encima de las enseñanzas de Moisés, que Dios no quiere la muerte del pecador (todos somos pecadores) sino que se convierta y viva (vean Ezequiel 18,23, o también Juan 8,11).

Pero no solamente eso, sino que Dios tenía un plan más perfecto y más grande que realizar en una virgen, en su desposada María: la salvación del género humano. Dios le pide que le ponga el nombre de ‘Jesús’ al hijo que espera, porque eso quiere decir ese nombre: ‘Yahveh salva’. El ángel del Señor le dijo, como ya lo escuchamos: "José, hijo de David, no dudes en recibir en tu casa a María, tu esposa, porque ella ha concebido por obra del Espíritu Santo. Dará a luz un hijo y tú le pondrás el nombre de Jesús, porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. Así es que, esta frase del ángel a José "no dudes en recibir en tu casa a María”, la hemos de vivir nosotros en esta navidad: ‘no dudes en acoger en tu corazón al que llega en pobreza a tu mundo, para salvarlo’. Es que no se trata de celebrar superficialmente el nacimiento de un niño en un portal muy adornado, con figuritas muy bonitas, con luces, esferas y lleno de colores. No. Más bien se trata de acoger la salvación que Dios nos ofrece en este Niño pobre, flanqueado por una pareja de pobres que llegaron sin nada a Belén. Acoger la navidad (natividad) del Hijo de Dios que llega en estas condiciones, es estar dispuestos a entrar en estos caminos de Dios: ahí se nos revela la gracia (gratuidad), la salvación, el amor, la misericordia, la bondad de nuestro Dios, la fuerza del Espíritu Santo, su discreto accionar en nuestra historia. Si todo mundo nos dejáramos impactar por la navidad, este mundo estaría salvado.

Su hermano: Carlos Pérez B., Pbro.

 

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