Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
Chihuahua, Chih., Marzo 13 del 2006.
 
EDITORIAL LO QUE OTROS CALLAN LA IGLESIA DEBE DAR EL SALTO
 
Es dramático de asumir, pero la familia en la Entidad, País, y en el mundo se está desintegrando lo cual ocasiona fuertes problemas sociales. En Chihuahua está explotando hecha pedazos ¿por qué no está cohesionada? Las cifras son elocuentes: en Cd. Juárez, la desintegración familiar es gravísima, ya que el 70% de los niños es monoparental; en Chihuahua, capital es de 55% ¿qué significa esto? Que la mayoría de las criaturas no tiene un padre plenamente identificado, es decir son de un solo apellido.
 
También sabemos que en nuestro Estado, hay más divorcios que matrimonios durante el año. Esto ocasiona que los niños y jóvenes, no reciben suficiente amor y carecen de memoria de su pasado familiar y crecen sin saber quienes les precedieron, privados de valores, indecisos e inseguros. Esto está representando un problema sociológico y psicosocial muy serio ¿Cuáles son las consecuencias? Maltrato infantil, asesinato de menores, prostitución infantil que fundamentalmente afecta a la población de bajos recursos. Nuestra frontera, capital y demás poblaciones se han vuelto violentas; hay asesinatos de mujeres, vicios y pobreza. Indudablemente que es un problema de muchas facetas ¿Qué es lo que está pasando? la indiferencia. Al Gobierno Estatal y demás autoridades no les interesa, mientras ellos, los funcionarios y sus familias "disfruten” de las prerrogativas que da el poder.
 
La sociedad está aturdida, con muchas necesidades que satisfacer y sus "trabajos” los absorbe, descuidando sus familias: el verdadero tesoro ¿y la Iglesia que hace? La Iglesia debiera tener un papel decisivo para unir y aglutinar a las familias. La mayoría de los sacerdotes son gente responsable y preocupados por sus fieles, pero no intervienen en las soluciones. Se dedican a describir únicamente y reprochar los malos actos de los feligreses pero no han asumido un compromiso social para ayudar a resolver este gran problema. Pareciera que son solo pastores que guían, sin intervenir en las decisiones sociales. Muchos de ellos ya no visitan su (s) colonias, no conviven, han caido en la rutina de los rituales, les falta comunicación y compromiso social. En efecto, pocos llevan mucha carga y algunos han caído en el aburguesamiento con el disfrute de las comodidades que conlleva. Falta trabajo y sacrificio en los medios populares. La repartición de las labores de los clérigos está desbalanceada.
 
Han dado un énfasis puramente religioso y sociológico pero han olvidado el aspecto psicológico; lo psicosocial. Esto ha traído consecuencias en el cansancio de las personas, y no se les ha dado las herramientas para manejar conflictos interpersonales provocando desilusiones graves y la desintegración familiar. Los sacerdotes tienen una gran influencia social, que desgraciadamente no ha sido aprovechada. Se necesitan pastores que propongan, inicien, cambien y decidan participar con su gente. La organización sistemática de talleres (gratuitos) de manejo situacional y de sentimientos acercaría a los párrocos, como antaño lo lograron con las Comunidades Eclesiales de Base. Hoy la relación es fría, litúrgica y repetitiva ¿alguna vez se ha puesto el sacerdote, en la puerta de su iglesia a saludar de mano a todos sus fieles y establecer una relación más estrecha? Es un hecho que las Diócesis – parroquias, comunidades religiosas, asociaciones y movimientos – deben movilizarse para contribuir a salvar la familia, que es como el átomo de la materia del pueblo de Dios. Todos los laicos debemos de convertirnos en misioneros que rescatemos a cuantas familias podamos, en los barrios y colonias, así como en los centros de trabajo, escuelas, etc. solo así protegeremos a la familia y formaremos un tejido social fuerte que enfrente las adversidades ¿Qué le pasa a la Iglesia? El problema no está con los sacerdotes, ni con el Papa - desde nuestro punto de vista – quienes hacen su mejor esfuerzo. El escollo está en las Jerarquías intermedias, fundamentalmente en los Obispos – sobre todo aquí en Chihuahua – quienes no están comprometidos socialmente ni piensan hacerlo, por la serie de atavismos que subsisten en ellos al creer que podrían ayudar al Socialismo; craso error, pues socializar no significa Socialismo.
 
El Obispado aquí en Chihuahua, ha aprovechado LA OBEDIENCIA, que los sacerdotes deben al Obispo para no permitirles socializar con sus fieles. Esto ha ocasionado un retroceso y la indiferencia de la cúpula de la Iglesia ante problemas sociales. La indiferencia es peor que luchar contra la maldad, pues en esto último se le tendría identificada, mientras que la despreocupación es un monstruo de mil cabezas. Debemos recordar, que lo único que se necesita para que triunfe el mal, es que los hombres buenos no hagan algo, es decir la omisión completa. El freno está, en el caso local en el Obispo, que confunde obediencia, con supeditación mental y abyección del sacerdocio. Algunos Obispos y en especial el de Chihuahua gozan de una red de complicidades político-eclesiásticas que van desde la velada protección que les brinda la Secretaría de Gobernación para neutralizar las luchas y avances sociales. Ellos nunca están con lo social y solapan frecuentemente acciones torpes de los gobiernos. Evidentemente que no es simpatizante de la Teología de la Liberación (opción por los pobres); se le caracteriza por sus lujos y privilegios, además de pertenecer al "Club de Roma” que es un pequeño grupo de Obispos mexicanos que intentan ser interlocutores privilegiados del Gobierno Mexicano con la Santa Sede. Estas actividades del Obispo lo alejan de los requerimientos Canónicos.
 
Los Obispos están obligados a dar ejemplo de humildad y sencillez de su vida. Nuestro Obispo, evidentemente no va por esta línea, y todo mundo lo sabe. Además deben guardar prudencia y moderación. Es mejor confiar en las acciones que pudieran hacer los sacerdotes que con su fuerza de su palabra puedan convencer a las familias para una integración total A t e n t a m e n t e , César Augusto Gutiérrez Fierro.
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