Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
ACTITUD CON ALGUNAS INSTITUCIONES
 
Importantes obras apostólicas, unas de carácter público y oficial, otras que nacen por iniciativa de sacerdotes o laicos y que manifiestan la vitalidad de una diócesis ofreciendo un cauce para que la Iglesia diocesana pueda llevar a cabo su servicio de evangelización y de caridad de acuerdo con los múltiples carismas que el Espíritu suscita en los fieles, en lugar de ser apreciadas y apoyadas por JFA, han recibido de él una constante represión. JFA parece un rey Midas al revés: todo lo que toca lo convierte de oro en cobre o lo arruina. El impedir que toda obra, institución o iniciativa crezcan y tengan éxito, parece ser una constante de su pensamiento. Todo caminar tiene su riesgo, por tanto lo mejor es que todo se detenga, que no camine, que no rebase los límites que ya tiene, que no haya iniciativas nuevas. Su ideal es la paz... pero la paz del inmovilismo, la paz del sepulcro. Algunas de esas obras se han tenido que someter al capricho de JFA achicándose para caber en la estrecha medida de su miope visión pastoral. Otras no han tenido más remedio que escapar de su control para poder sobrevivir y crecer.

También hay que tener en cuenta que antes de 1992, año en que se hicieron las reformas constitucionales que reconocieron la personalidad jurídica de la Iglesia y su facultar de poseer propiedades para sus fines propios, las instituciones de la Iglesia eran registradas legalmente y aparecían en público bajo diversas figuras, según el caso, ya sea como asociaciones o sociedades civiles, instituciones de beneficencia privada, etc. pero todo el mundo sabía que eran obras de la Iglesia y ésta las dirigía y administraba a través de los obispos, los párrocos, las congregaciones religiosas, etc. El cambio de régimen constitucional aconsejaba desde luego que se hicieran algunos ajustes y era lo que JFA pretendía, a fin de que quedara claro que aquellas obras eran "diocesanas”, es decir de la Iglesia y bajo la responsabilidad última del obispo.
 
Esto no tenía nada de malo y JFA y cualquier obispo de alguna manera tenía que hacerlo. Lo malo es que JFA lo ha hecho de una manera tan brusca, desconfiada, sospechosa y hasta descortés con las personas que hasta entonces estaban entregadas en cuerpo y alma a estas instituciones, siendo algunas de ellas incluso fundadoras de esas obras. A diversas personas que estaban a cargo de dichas obras las quiso correr con cajas destempladas, como hemos visto, en otros casos no oía razones de que era mejor para el buen funcionamiento de la obra permanecer con la figura jurídica que ya tenía, y, sobre todo, por que en ningún caso ha mostrado aprecio por la obra en sí o el servicio que presta a la comunidad, sino más bien por las propiedades que tiene, el dinero que maneja y la influencia que ejerce, la cual es vista por JFA como una amenaza a su autoridad y predominio absoluto.
 
De manera que si antes el calificativo de "diocesana” que tenía una obra significaba que era una obra apostólica al servicio de la Iglesia, de los pobres etc, ahora en la impresión de muchos ese adjetivo pasó a significar que la obra quedaba bajo el control férreo y asfixiante de una arzobispo que para nada apreciaba lo que se estaba haciendo, y que lo que quería era controlar, fiscalizar y hasta destruir lo que se había construido con tanto esfuerzo. Todo esto hay que tenerlo en cuenta, pues, para entender los conflictos que vamos a reseñar.
 
Cáritas Diocesana
 
Esta gran obra fundada en la administración anterior y dirigida por laicos entregados de corazón al servicio de los más pobres, también fue una de las que recibió de JFA un trato sorpresivamente despectivo. Poco después de que JFA tomó posesión de su cargo, la presidenta, Feliza Salgado, y su equipo fueron a visitar al arzobispo para presentarse, ponerse a sus órdenes y darle a conocer sus planes de trabajo y sus proyectos. Entre estos últimos estaban diversas obras, como el establecimiento de un servicio funerario para gente sin recursos y otras. En lugar de apoyarlos, JFA les echó en la espalda un balde de agua fría al decirles que para qué querían crecer, que así estaban bien. "Ustedes sigan dando aspirinas”, les dijo textualmente. Feliza murió con un gran sentimiento en su corazón, no sólo por ese incidente sino por otras desilusiones que tuvo con su pastor.
 
CEDRE-Mi Casa
 
CEDRE es una obra dedicada a la rehabilitación de personas con adicciones. Fue fundada en 1989 por la Srita. Hermelinda Villarreal a petición de Mons. Almeida, quien desde entonces comenzó a colaborar con la obra en calidad de asesor y de capellán. Se le dio desde un principio la forma legal de asociación civil y se constituyó un patronato, como se hizo en tantos otros casos, pues todavía no existía la figura jurídica de A.R. En 1991, cuando JFA asumió su cargo, CEDRE se instaló en una casa rentada en frente del obispado. Esta casa fue bendecida por JFA.
 
Herme, junto con otras señoritas, se había consagrado al servicio de la Iglesia de Chihuahua delante de Mons. Almeida, para lo cual firmaron un acto de consagración, aunque todavía sin valor jurídico en la Iglesia. Un día JFA llamó a Herme y le dijo que su consagración no valía nada y que CEDRE no era una obra diocesana, pues no se habían cumplido las formalidades del caso. Esto, en la mentalidad de JFA suponía que él tendría facultad para ejercer sobre la institución un control a ultranza entorpeciendo sus objetivos. Por ejemplo, la directora no podría seleccionar a sus colaboradores de una manera directa: psicólogos, trabajadores sociales, administradores, mantenimiento, etc. Se le tendría que presentar a JFA una terna para que fuera él quien lo eligiera y les pidiera ese servicio, entorpeciendo con ese burocratismo la facilidad de elegir en un momento determinado a las personas adecuadas.
 
Le dijo, pues, que si querían ser una obra diocesana debían cumplir determinados requisitos. Herme lo consultó con el patronato y al examinar las condiciones propuestas todos decidieron continuar siendo asociación civil, pues aunque de hecho era una obra diocesana o de la Iglesia, de ninguna manera querían caer en manos de JFA. Así se lo manifestó Herme al arzobispo. Hasta ese momento CEDRE eran las siglas de CEntro Diocesano de REhabilitación. JFA le dijo que debían quitarle la D, pero ellos la mantuvieron diciendo que ahora significaba la "de” del Centro De Rehabilitación.
 
"Ahora, les dijo JFA, ustedes son una asociación cualquiera, como la Asociación de Charros o la Asociación de Boleros, no tengo nada que ver con ustedes”. Y para explicar el sentido que tenía para él lo diocesano, les dio este ejemplo: "Si el CEDRE es diocesano y a mí una vez me dicen: ¡Se está quemando el CEDRE!
 
 Yo salgo corriendo a ver en qué puedo ayudar. Pero ahora si me dicen: ¡Se está quemando el CEDRE! Yo voy a decir ¡pobrecitos, qué pena! A ver cómo le hacen”. Pues aun así, ellos prefirieron arreglárselas solos, aun en caso de incendio, que contar con la ayuda de JFA. Desde que se constituyó la asociación civil, una persona les había donado un terreno de 1,500 m2 para que ahí construyeran el centro, pero cuando se reformó la Constitución y la arquidiócesis tuvo facultad legal de tener propiedades, JFA les recogió el terreno, sin atender a la voluntad del donante, a pesar de que se le hizo ver que se había donado precisamente para ese fin. También les prohibió organizar unos congresos juveniles que habían iniciado con gran éxito, tanto para evangelizar a los jóvenes como para apoyar económicamente al CEDRE si algún saldo quedaba.
 
Lo que le pasó al CEDRE, sin embargo, no es más que un ejemplo de lo que les pasó a otras instituciones en la arquidiócesis, que tuvieron que desligarse de su carácter diocesano para poder funcionar.
 
El Sembrador
 
Muchas personas se han preguntado, sobre todo por el desprestigio que JFA se ha encargado continuamente de difundir, qué pasó en realidad con esta librería, que todo mundo conocía como una obra apostólica y diocesana. Pero lo que pasó con el Sembrador no es sino lo mismo que les ha pasado a otras obras e instituciones católicas, al ponerles JFA la mano encima de una manera brutal, sin el menor miramiento a la dignidad y a los sentimientos de las personas involucradas en ellas. Simplemente, para poder estar fuera del alcance de JFA, se les han retirado la designación de "obras diocesanas” y han seguido sirviendo libres ya de esa traba. El Sembrador era una parte asociada al conjunto de obras formado por el CEDIC, organismo diocesano encargado de la difusión del Evangelio a través de los medios de comunicación. Pero era también, desde el punto de vista administrativo, una obra autónoma, organizada como una Sociedad Civil, en la que sus miembros, al menos los principales, eran los socios, únicos responsables de llevarla adelante como empresa.
 
Ellos la habían fundado y la administraban, asumiendo a título personal todas las deudas y demás responsabilidades que tenía. Incluso, con un gran endeudamiento, habían construido con su propio esfuerzo, sin ayuda de la arquidiócesis, el edificio. Es cierto que la Tesorería Diocesana les había hecho algunos préstamos, pero ellos los habían pagado puntualmente, incluyendo los intereses. En enero de 1995, cuando el director del CEDIC dejó su cargo, JFA inició la reorganización de todo el organismo. Reorganización que algunos casos, como el la editorial, significó simplemente una supresión. Una día, mediante un enviado, JFA le mandó decir al personal de la librería, de la manera seca e inhumana que lo caracteriza, que ya que el director del CEDIC había salido todos tenían que salir también.
 
Que entregaran de inmediato las instalaciones y la administración a la persona que les indicaba. Los encargados, y dueños legalmente de la empresa, sin pensar de ninguna manera en hacer valer esta condición jurídica, le pidieron un plazo para hacer un inventario y un informe detallado de la situación económica de la librería. JFA se negó a todo plazo y exigía que mientras se hiciera el informe ellos ya debían firmar su renuncia.
 
Esta medida les pareció a los socios muy peligrosa, pues ellos aparecían ante los proveedores y ante un banco, con el que tenían una gran deuda, como responsables, de manera que si firmaban su renuncia sin antes haber trasladado la responsabilidad a la otras personas nombradas por la arquidiócesis, los acreedores en cualquier momento les podían fincar responsabilidades a ellos, pero ya sin tener en sus manos el medio de trabajo para poder responder. En otras palabras: los echaba a la calle con puras obligaciones y sin ningún derecho. Fue entonces cuando los socios decidieron hacer valer sus derechos y asumir plenamente la responsabilidad de la librería, lo cual en realidad no significaba quedarse con un bien de la Iglesia, pues las deudas superaban con creces a los activos. En realidad, financieramente hablando, la librería en ese momento era de los proveedores y del banco.
 
De haberse quedado con ella, JFA hubiera tenido que pagarla prácticamente toda, no a los socios, sino a los acreedores, y esto era lo que pedían los socios antes de dejarla en sus manos, o bien, asumir él mismo la responsabilidad de las deudas, cosa de la que no estaba dispuesto a hablar. Sólo quedaba pendiente la cuestión del terreno, que formaba parte legalmente de la Sociedad Civil, pero que los socios estaban dispuestos a pagar a la arquidiócesis, pero a eso JFA se negó también sistemáticamente. Estos son algunos párrafos de un escrito dirigido al exdirector del CEDIC, en el que los socios de la librería expresaron su decisión de no renunciar a la librería, así como los sentimientos que los embargaban en ese tiempo:
 
"Es triste, muy triste, estar a merced de criterios sin escrúpulos, criterios manipuladores y tendenciosos, y más triste quitarles a nuestros clientes su gran esfuerzo, porque a ellos nos debemos finalmente. Ellos apoyaron esto, que también es parte de ellos... La postura del obispo fue agresiva, no conciliadora, por lo que deducimos los arranques que tendrá para destrozarnos si le dejamos el local y nos vamos a otro. Tiene todos los recursos para hacer de la noche a la mañana lo que desee. Creemos que no hemos fallado en nuestra actividad, hemos realizado un trabajo de la mejor manera. No encontramos justificación para tanta agresión. Hemos luchado por una identidad en la empresa, hemos peleado su nombre y su prestigio.
La ubicación es muy importante y nos ha costado mucho esfuerzo esta construcción... En lo económico, hemos pagado muchos intereses y gastos extra por sostener la librería, hemos arriesgado nuestra responsabilidad adquiriendo compromisos fuertes con muchos acreedores, sin temores y con mucho trabajo... Estos últimos tres meses nos han provocado un desgaste de todo tipo, lo cual nos ha afectado en la planeación y fortalecimiento de la empresa. En este mismo tiempo hemos visto las reacciones de varias personas, incluyendo sacerdotes, quienes en su mayoría nos animan a seguir adelante y reprueban el actuar y pensar del obispo...”.
 
El exdirector les respondió el 14 de febrero de 1995. De su respuesta extraemos los siguientes párrafos:
 
"Me consta que la primera intención de ustedes, al recibir la noticia de su despido, fue la de hacer entrega de todo. Si esto no se hizo de la forma inmediata y perentoria en que se les exigía, fue porque no se tuvo en cuenta la naturaleza legal de la empresa, ya que se les quiso quitar la administración de la misma, dejándolos al mismo tiempo como responsables ante la ley de todo lo que ahí pasara, no sólo de las deudas ya contraídas con el banco y con proveedores, sino de todo lo que se pudiera realizar ahí fuera de su control. Ahora, ante su insistencia, y confiando en que ya habrán pensado y madurado mucho esta decisión delante de Dios, mi respuesta es la siguiente: Por respeto a ustedes, como socios activos que son de la mencionada Sociedad Civil, he decidido quedar al margen de este asunto de la entrega o no del Sembrador y dejar en sus manos la decisión y la responsabilidad de plantearla al Sr. Arzobispo para que se pongan de acuerdo con él”.
 
Por su parte, los socios, al comunicarle a JFA su decisión de retirarle a la librería el carácter de "diocesana”, que la vinculaba de una manera especial a los planes pastorales de la diócesis, aunque no implicaba ninguna responsabilidad legal hacia la misma, le decían:
 
"Tal vez una de las razones que más nos impulsaron a tomar esa decisión y a quedarnos con la conciencia tranquila, fue la manera tan brutal con que fuimos tratados, desde el punto de vista no sólo cristiano sino simplemente humano”.
 
JFA, mientras tanto, no dejaba de presionar al antiguo director del CEDIC para que obligara a los socios a entregar la librería, pero el exdirector le respondió que él ya no tenía poder legal para hacerlo, pues no era su jefe ni tenía ya nada que ver oficialmente con la librería, toda vez que el mismo arzobispo lo había obligado a renunciar a todo el CEDIC desde el 11 de enero, renuncia que lo obligó a ratificar por escrito el 16 de febrero para cada una de las entidades que formaban parte del CEDIC, incluyendo El Sembrador. También le recomendó varias veces a JFA que tuviera hacia los socios del Sembrador una actitud más humana y dialogante, que reconociera y agradeciera su labor al servicio de la Iglesia y desde esa actitud viera la manera de llegar a un acuerdo con ellos. Fue inútil, JFA estaba demasiado encerrado en su autoritarismo y en su soberbia.
 
MIES, A.C.
 
Esta obra, frustrada desde sus inicio por JFA, se debió a cuatro matrimonios católicos, comprometidos con la Iglesia en la evangelización como fruto de haber tenido un encuentro personal, conyugal y familiar con Jesucristo, el Señor. Preocupados por la grave pérdida de valores morales y religiosos que a través, principalmente, de los medios de comunicación, consideraron su deber y derecho, en su carácter de laicos, constituir una asociación civil que tuviera como finalidad la evangelización a través de los medios, trabajando en estrecha unión con sus pastores.
 
Dado que por disposición de la Ley de Asociaciones Religiosas y Culto Público las iglesias carecen de la posibilidad jurídica de obtener concesiones para manejar estaciones y canales de radio y televisión, vieron que una asociación civil como MIES, dirigida y operada por laicos, fuera el medio indicado para que la Iglesia católica, sin vulnerar la ley, pudiera evangelizar a todos los ambientes sociales a través del radio y la televisión. MIES se constituyó en persona moral constituida legalmente como asociación civil. Sus siglas significan "Medios de Inculturación del Evangelio en la Sociedad”.
 
La constitución de la sociedad la hicieron estos laicos con el apoyo y aprobación de su párroco el P. Alfredo Alvarado y se quisieron integrar al CEDIC, organismo diocesano que se dedica a los medios de comunicación social, para colaborar en su Departamento de Radio y Televisión. En este sentido, pues, quedaron bajo la coordinación y la guía pastoral del P. Dizán Vázquez, director del CEDIC en ese tiempo. Entre las actividades que MIES logró realizar se cuentan un Congreso Evangelizador de Niños, dos eventos evangelizadores llamados "Para una familia feliz”, dedicados a las familias y con la participación de Salvador Gómez, predicador laico de alcance internacional, y una obra teatral infantil titulada "La fuerza del amor”.
 
Entre las actividades previstas para MIES en su acta constitutiva estaban la producción de programas de radio y televisión con contenido evangelizador y la transmisión de esos mismos programas mediante concesiones de esos mismos medios. MIES también entro a formar parte de la organización "MEDIOS”, organismo internacional de laicos con sede en Guatemala y con sucursales en distintos países de América Latina y en Estados Unidos. Cuando apenas se iniciaba MIES con tanto entusiasmo, el director del CEDIC es cambiado y los integrantes de MIES se entrevistan con JFA para darle a conocer la obra y sus planes de trabajo y pedirle no sólo su apoyo y su bendición, sino que él mismo formara parte de la AC o bien que designara un sacerdote para que lo representara.
 
En reuniones que el equipo de laicos tuvo con JFA, éste les hizo ver que en la diócesis nada, "ni siquiera las hojas de los árboles”, se podían mover sin su autorización y su voluntad. Les dijo, seca y autoritariamente, que se habían subido a una barca que estaba ya haciendo agua y que con ella se hundirían, refiriéndose, tal vez, a que no habían contado con él en los primeros pasos que habían dado, aunque hay que recordar, en primer lugar que en sí no estaban obligados por el derecho canónico a hacerlo, y en segundo lugar, que ese proyecto lo desarrollaron en estrecha relación con su párroco y con un organismo diocesano encargado precisamente de trabajar con los medios de comunicación. Al insistirle que reconsiderara su actitud y que viera cómo el mismo papa Juan Pablo II insistía tanto en el uso de los medios para la evangelización (le citaron un reciente discurso del papa en Estados Unidos de 1993), JFA les respondió enfáticamente que la actividad en los medios de comunicación no era actividad propia de la Iglesia.
 
Aún así, el equipo de MIES, apoyándose en los documentos de la Iglesia y en especial en el Código de Derecho Canónico (c. 822), le pidieron formalmente por escrito que los reconociera como una "asociación católica de fieles”, ya fuera pública o privada. Después de un tiempo más o menos largo, les hizo llegar, por conducto de un sacerdote, su resolución de que MIES no podía considerarse una asociación de fieles, ni pública ni privada, mucho menos católica. Como MIES seguía adelante en la realización de su programa de trabajo, para algunos eventos masivos que organizó le pidieron su bendición. JFA se la negó sistemáticamente, añadiendo despectivamente que como asociación civil podían hacer lo que les diera la gana, pero que tuvieran cuidado de no anunciar sus eventos como católicos y mucho menos autorizados por la Iglesia. En 1996, MIES decidió organizar un evento masivo al que llamaron "Juventud Chihuahua 96”, como contrapartida al "Festival Acapulco 96”, que estaba cargado de antivalores en detrimento de la juventud. MIES invitó a participar a los conocidos cantantes católicos Martín Valverde y Silvia Mertens y despertó el interés del Gobierno del estado, que los apoyó a través del Instituto Chihuahuense del Deporte, que, entre otras cosas, les facilitó un gran gimnasio. Pensando que ahora sí los apoyaría JFA, acudieron a él para pedirle su bendición y aprobación. Pero éste les respondió de la misma manera despótica, haciéndoles sentir su autoridad y su inconformidad con la realización del evento. Se negó de una manera especial a aprobar la venida de Martín Valverde (al que desde entonces vetó injustificadamente para que viniera a Chihuahua) y a Silvia Mertens. Además les dijo que como asociación civil podían traer a quien les diera la gana, sugiriéndoles que en lugar de traer a los cantantes mencionados, trajeran a la cantante Gloria Trevi. Sus incoherencias pastorales no quedaron ahí, pues en lugar de respetar que ellos trajeran "a quien les diera la gana”, como les había dicho, concretamente a Martín Valverde, envió una comunicación a todas las parroquias para que se informara a la feligresía que el evento organizado por MIES no era organizado ni reconocido por el arzobispo y que por tanto no tenía carácter de católico e invitaba al pueblo a no asistir. Ante esta situación, MIES tomó la decisión de cancelar el evento, cosa que sorprendió mucho a los funcionarios del Gobierno del Estado, que no podían dar crédito a lo ocurrido. Incluso se publicó un desplegado en los diarios explicando la cancelación de manera que no se viera inmiscuido el arzobispo para evitar un escándalo, y se reintegró el valor de los boletos ya adquiridos. Curiosamente, otras diócesis de la región comenzaron a apreciar la actividad de MEIS y a pedir su colaboración para realizar eventos evangelizadores. Uno de los integrantes de MIES, al dar este testimonio, comenta:
 
"Nuestra diócesis, tristemente, se encuentra en un estado de apatía, desánimo y flaqueza espiritual, debido precisamente a esa conducta, impropia de un verdadero pastor, que refleja el señor arzobispo. El presbiterio, en su gran mayoría, contando con la participación de toda la Iglesia de Chihuahua, desea con una vehemencia y anhelo constante, el cambio de corazón de nuestro arzobispo y para ello nosotros, como grupo, como asociación de fieles católicos, en aras de llevar a Jesucristo a todas las latitudes de nuestro entorno social, nos hemos dado a la tarea de orar al dueño de la mies que ponga en don José Fernández Arteaga un nuevo corazón, un corazón de carne, e infunda en él un espíritu recto, que redunde en beneficio del pueblo de Dios avecindado en esta hermosa tierra de Chihuahua”.
 
La Granja Hogar
 
La Granja Hogar es una Institución de Beneficencia Privada fundada por escritura ante notario público en 1956 con el nombre de "Asilo de Niños y Casa Hogar”. Hasta 1970 estuvieron sucesivamente al frente de la obra dos sacerdotes. En ese año quedó como directora de la Granja la hermana María Luisa Reynoso, de las religiosas de la Sociedad del Sagrado Corazón que dirigían el Instituto Femenino.
 
Al cerrarse el Instituto Femenino las autoridades de la congregación religiosa autorizaron a la madre Reynoso a permanecer en Chihuahua al frente de la Granja, tratando, siempre que se pudiera, de sostener ahí aunque fuera una pequeña comunidad de hermanas. La Granja posee un gran terreno, donado por personas altruistas para ese único y exclusivo fin. Desde que JFA asumió el cargo de arzobispo se decidió a retirar de la Granja a la madre Reynoso, a pesar de que ella y el patronato no tenían intenciones de cambio. Estas personas se pusieron nerviosas cuando JFA les hizo una visita y recorrió el terreno de la Granja. Por ciertas expresiones suyas se pensó que quería cerrar la Granja y destinar la propiedad a otros fines.
 
De hecho, los niños, al enterarse de ello comenzaron a manifestar una gran inseguridad. Lo que sí es un hecho claro es que JFA ni en esa ocasión ni en los eventos que han seguido después, ha mostrado el menor interés por los niños ahí alojados. A la madre Reynoso el arzobispo la comenzó a hacer blanco de continuas hostilidades. Le decía que no era religiosa por no vivir con su congregación, a pesar de que ésta le probaba una y otra vez que contaba con el visto bueno de sus superioras. Incluso éstas tuvieron que intervenir varias veces en su defensa.
 
El recuento de las hostilidades de JFA contra esta religiosa tan estimada en nuestra comunidad diocesana es demasiado largo y desagradable como para insertarlo en este espacio. Como pasó con otras obras, JFA quiso transformar el régimen jurídico de la Granja para poderla reconocer como obra diocesana. Al no poder por el momento eliminar a la madre Reynoso, a JFA se le alcanzó una puntada verdaderamente fenomenal: nombrar un sacerdote ni más ni menos que como ¡vicario episcopal para la Granja Hogar! Él, que ha despreciado a los vicarios episcopales, que no los nombra cuando hacen verdaderamente falta para atender las necesidades urgentes de una comunidad numerosa, ahora nombra un vicario episcopal para una casa donde habitan entre 250 y 300 niños. Eso sí, la carta, fechada el 2 de febrero del 2000, tiene toda la solemnidad del caso:
 
"Teniendo presente que los Presbíteros, diligentes colaboradores del Orden episcopal, llamados a servir al Pueblo de Dios, forman juntamente con su Obispo, un solo Presbiterio dedicado a diversas ocupaciones (Cf. LG 28; DP 690); te he designado a ti, Pbro. (...), para que desempeñes tu ministerio, en la institución denominada ‘Asilo de Niños y Granja Hogar’, en esta ciudad de Chihuahua, Chih., y los enseñes, santifiques y gobiernes pastoralmente, con el carácter de Vicario Episcopal (Cf. Cns 476 y ss)... Asimismo, me tendrás al tanto de la situación espiritual, jurídica, legal, pastoral, económica, etc., para poder, en lo que a mí respecta, dar las determinaciones conducentes a incrementar y fortalecer este servicio, de forma que sea más eficaz en su amor, dentro de la misma institución...”.
 
Con razón alguien, al enterarse de este nombramiento, comentó que era como "un cañonazo para matar una gallina”. En marzo llegaron dos enviados de JFA a la Granja a entrevistarse con el patronato y con la madre Reynoso. Entre los objetivos que llevaban estaba el clarificar la responsabilidad de la Granja Hogar como obra diocesana e intensificar la presencia del arzobispo por medio del vicario episcopal . Al pedirles aclaración sobre el significado que le daban a una "obra diocesana”, se les respondió que es aquella que depende del obispo, es decir, que él es quien decide qué personas ocuparán los puestos de capellán, director, patronos, es quien establece los reglamentos, da atención espiritual y, en fin, tiene la responsabilidad y la autoridad total sobre la obra (aquí habría que preguntarse: si quiere intervenir en todo ¿también se encargará de financiar la obra?).
 
De otra manera, les dijo, ustedes podrán ser un grupo de católicos con un patronato libre, un director designado por ustedes, decidirán sobre el reglamento y todo lo demás. Con eso no dejarán de ser católicos, incluso la obra puede tener religiosos trabajando en ella, pero sin relación directa con el obispo. Una vez más se daba el emplazamiento de JFA a una benemérita institución de la diócesis para que decidiera ser "diocesana” en los términos impuestos por él, o quedar desligada de toda relación oficial, y una vez más, una institución verdaderamente diocesana decidía desligarse de su carácter "diocesano” sólo para no quedar bajo la férula, ya no de la Iglesia, nuestro hogar espiritual, sino de un arzobispo que comprende su "servicio” como control asfixiante.
 
Con la Granja se repite, como caen las fichas de dominó puestas una tras otra, lo que les ha estado pasando a las otras instituciones, algunas de ellas reseñadas en este espacio. Desde luego que no todas las instituciones han podido escaparse de las manos de JFA, por ejemplo Cáritas Diocesana. Otras se han podido librar de él sólo a medias, como las Vicentinas, a quienes desde un principio les quiso incautar su local hecho con gran esfuerzo, de lo que sólo se libraron apelando a su calidad de organización nacional. Pero a las que decidieron seguir su propio camino les basta ver cómo es la ingerencia de JFA en las otras, por ejemplo en Cáritas, para confirmarse en lo atinado de su decisión. Es posible que JFA quiera obrar conforme a derecho y sanar y formalizar una situación de indefinición canónica en que se encontraban muchas obras en la Iglesia, sea por causa de las leyes civiles existentes, como dijimos antes, sea por la idiosincracia del arzobispo anterior quien por privilegiar ante todo el hecho de que las instituciones funcionaran efectivamente y que las personas tuvieran libertad de ejercer sus carismas, dejaba en un segundo lugar las formalidades canónicas. Le importaba más que la cosa funcionara a que hubiera un papel firmado con todo el protocolo. Ahora es al contrario: importa más que haya un papel firmado y que el obispo controle hasta el último detalle... aunque la cosa no funcione.
 
Dos extremos, pero ¿cuál es más tolerable? Por otra parte, JFA desconoce por completo el principio de subsidiaridad, tan apreciado en la Iglesia y tan recomendado por ella a la sociedad civil. ¿No es de esperarse que ella lo aplique en primer lugar en su propio ámbito? ¿A qué viene, por ejemplo, que si un movimiento como el Encuentro Matrimonial, ha funcionado perfectamente eligiendo ellos mismos a sus parejas dirigentes, las cuales luego son presentadas al obispo para que éste les dé la bendición, se les diga de repente que ahora es el obispo el que la va a elegir y, para colmo, deja pasar largos meses para hacerlo, poniendo a la organización al borde de la extinción? Además, como lo hemos repetido, JFA hace ese trabajo de "rediocesanizar” las instituciones de una manera tan brusca, antipática y agresiva hacia las personas que trabajan en ellas, que éstas se espantan y le cierran las puertas, y más si a eso añadimos que con frecuencia da la impresión de tener intenciones ocultas y motivaciones más económicas que pastorales.
 
Volviendo a la Granja, el patronato le respondió al enviado de JFA que durante casi cincuenta años la Granja Hogar no ha requerido "definirse”, porque siempre ha sido claro que sigue los principios del Evangelio y que se ha trabajado con honestidad, respeto y libertad, que entonces a qué viene ese interés de "definir” algo que en principio está claro. Se le dijo que la Granja es obra de la Iglesia desde el punto de vista de que todos los que trabajan en ella y la sostienen son católicos y actúan motivados por su fe y, además, en plena comunión con su obispo, que tiene siempre las puertas abiertas para ejercer en ella su labor imprescindible de pastor. No contento con enviar esta comitiva a la Granja, JFA, a pocos días, envió a las mismas personas a México para entrevistarse con la superiora provincial de la Sociedad del Sagrado Corazón de Jesús, congregación a la que pertenece la madre Reynoso y bajo cuya responsabilidad está, en ese sentido, la Granja Hogar. Los enviados, aleccionados por JFA trataron de meterle dudas a la superiora sobre la idoneidad de la madre Reynoso para seguir dirigiendo la Granja, pero ella en todo momento la defendió. Les dije que según ella no era el momento de retirar a la madre de su puesto en la Granja y que la madre en todo momento ha estado en una situación jurídica normal con la congregación (cosa que JFA objeta constantemente), que si no siempre se ha designado un número suficiente de hermanas para que formen comunidad con María Luisa, eso se ha debido a la falta de personal.
 
De hecho, ahora hay tres hermanas en la Granja. Los enviados volvieron a la carga con el estribillo de JFA: trataron de arrancarle a la superiora la confesión de que la Granja es una obra "diocesana” (con esto, en la mentalidad de JFA le quedan a él las manos libres para intervenir en la forma que quiera). La superiora les respondió sabiamente que ese es un asunto del patronato y que como a la congregación le interesa la obra, puede en cualquier momento firmar un convenio con el patronato para seguir colaborando en ella. A esto JFA, a través de sus enviados, contestó con algo que sonaba a amenaza: si no se acepta que la obra es diocesana habrá algunas consecuencias, como retirarles el Santísimo y al vicario, lo que haría que se perdiera el espíritu cristiano y haría cuestionable la permanencia de la congregación en la diócesis. La superiora les contestó que no podía evitar que se llevaran el Santísimo, si así lo decidían, aunque no veía el motivo, puesto que muchas obras no diocesanas tienen capillas, y que por otro lado de ninguna manera se perdería el espíritu cristiano ya que en la Granja están colaborando personas católicas, con gran espíritu cristiano y que de hecho la obra es totalmente católica. En resumen, la cosa hasta ahora queda en que el patronato ha decidido que la Granja Hogar siga como Institución de Beneficencia Privada, aunque eso signifique perder "oficialmente” su carácter de diocesana. Cuando el contador de la Granja le hizo ver a JFA que convenía que la institución siguiera siendo IBP pues esta figura tiene autorización para recibir donativos deducibles del impuesto sobre la renta, cosa que la ley no contempla para las AR, JFA le contestó:
 
"Con eso de deducir los impuestos por los donativos que reciben ¡ustedes están robando al gobierno!” Este exabrupto obviamente no merece ningún comentario, pero si cabe preguntarse: si antes una obra podía ser IBP o AC y al mismo tiempo diocesana, ¿por el sólo hecho de que Carlos Salinas de Gortari reformó la Constitución en cuanto a darle reconocimiento jurídico a la Iglesia, ahora una obra tiene que ser necesariamente AR para que sea diocesana, o es la mirada miope de JFA que así lo ve o, peor aún, es una estratagema suya para que esa obra esté totalmente en sus manos y pueda hacer con ella lo que quiera, incluso destruirla? En cuanto a la madre Reynoso, JFA no quita el dedo del renglón en su empeño de anularla y excluirla no sólo de la Granja, sino también de la diócesis. Todavía en enero del 2002 hizo que por parte de la Comisión Diocesana de Vida Consagrada (ésta es su táctica habitual, hacer el "trabajo sucio” por medio de subordinados, para que en caso de que se le reclame, él pueda decir con aire de inocencia: "Yo no fui”) se presionara a la superiora provincial de la Sociedad del Sagrado Corazón para que sacara a María Luisa de Chihuahua y por tanto de la Granja Hogar.
 
Esto se hizo acusando a la hermana de faltas que aunque fueran imaginarias que, aunque fueran ciertas, serían insignificantes en comparación de los méritos adquiridos por la hermana en 32 años de entrega a la niñez desamparada de Chihuahua. Que estas acusaciones a nadie engañen: es un hecho que si se quiere desprestigiar a alguien siempre se encontrará en él una falla humana para justificar la agresión. De esta manera JFA, no está haciendo con la madre Reynoso sino lo que ya ha hecho con otros sacerdotes y laicos: una vez que los tiene bajo su mira no descansa hasta anularlos. Y no importa si uno tiene 11 años al frente del Secretariado de Evangelización y Catequesis, como el padre Gallo, 16 como ecónomo diocesano, como el padre Trevizo, o 18 años al frente del CEDIC, como el padre Dizán, o 26 se servir abnegadamente a la diócesis, como las hermanas del Servicio Social, al final con un simple ¡lárgate! Selibera de ellos.
 
Santa María de los Niños
 
Esta institución, nacida por iniciativa de un grupo de laicos católicos, es un ejemplo más de cómo todo lo que toca JFA lo destruye. Santa María de los Niños es una institución de beneficencia dedicada al cuidado de las personas más necesitadas. Está constituida como asociación civil desde junio de 1997. Su origen se remonta a un grupo de católicos que desde los años setenta recibieron un fuerte influjo del Movimiento de la Renovación en el Espíritu Santo en la parroquia del Santo Niño de Atocha. Con el tiempo, esos católicos formaron un grupo de oración que, además de orar y reflexionar en la Biblia, prestaban a la parroquia diversos servicios en el área de la espiritualidad y la evangelización, como retiros, catequesis, coro para las celebraciones.
 
También ayudaban en el aseo del templo y con actividades para reunir fondos para la parroquia cuando las necesidades lo requerían. Deseando proyectar en un radio de acción más amplio su vocación de servicio, el grupo abrió una guardería para cuidar niños de madres trabajadoras de escasos recursos que no tuvieran dónde dejar a sus hijos mientras estaban en su trabajo. A esta guardería le pusieron el nombre de Santa María de los Niños. Pronto quisieron ir más allá en su deseo de servir a los necesitados, de manera que en el año 2000 concibieron un proyecto de una gran institución que albergara tanto a niños como a ancianos abandonados. Para ese fin compraron un terreno fuera de la ciudad. Pero mientras avanzan las obras de ese gran proyecto, ya desde enero del 2001 instalaron en una casa provisional un asilo para ancianos abandonados. Toda se desarrollaba con la mayor normalidad... hasta que dos de los dirigentes hicieron una visita a JFA para exponerle el proyecto y pedirle su bendición.
 
En esa entrevista JFA les exigió que le entregaran el 40% de los ingresos que obtuvieran para sostener esas obras de caridad. Los dirigentes se negaron, pues, como todos saben, ese tipo de obras se sostienen de la ayuda pública y siempre andan con una urgencia crónica de dinero. Sin embargo, este contacto despertó el interés de JFA, quien decidió hacerles una fiscalización. A principios de 1998 para que viera si no había en la obra alguna irregularidad. El enviado platicó con los miembros del grupo y, al menos en presencia de ellos, no mostró ninguna señal de desacuerdo o desaprobación. El enviado entregó su informe a JFA, el cual no volvió a comunicarse... por el momento. Pero pasado un tiempo les envió a otra persona para que realizara una auditoría, pero los dirigentes, ya escamados por las experiencias anteriores, se negaron, alegando que eran una AC. En 1999 JFA le expresó al grupo que quería hablar con ellos, aprovechando una visita que haría a la parroquia con ocasión de las confirmaciones que iba a administrar pocos días antes de la fiesta patronal. Se llegó ese día, pero JFA salió apresuradamente de la parroquia sin haberlos recibido.
 
Después de eso, los integrantes del grupo se enteraron con asombro de que el arzobispo les había prohibido toda participación en la parroquia, ni siquiera cantar en el coro ni hacer el aseo. Prácticamente los desconocía como católicos. Con este proceder de JFA los miembros de la asociación civil Santa María de los Niños quedaron tan espantados que comenzaron a negar toda relación de la obra con la Iglesia. A pesar de que había nacido como obra de católicos confesos, motivados por su fe, dijeron que no tenían nada que ver con la Iglesia. Incluso afirmaron que el nombre, evidentemente católico, era tal no por la Virgen María, sino por el apellido de la fundadora, lo cual, aunque tenga algo de verdad, no puede ocultar que tenga una alusión directa a la Virgen María, pues no se llama "Guardería Santa María” o algo así, sino "Santa María de los Niños” y además tiene como logotipo una imagen de la Santísima Virgen con un niño en los brazos. Una vez más, la mano torpe y ambiciosa de JFA frustraba una obra de Iglesia que nacía con la más buena voluntad.
 
Brindemos Alegría para Vivir, A.C.
 
Otra experiencia que ha dejado un recuerdo desagradable en los protagonistas es la que vivió un grupo de laicos que fundaron esta institución dedicada a ayudar a niños y jóvenes con discapacidad intelectual, víctimas de violencia intrafamiliar, violaciones y otros abusos. En 1995 un grupo de cuatro señoras, inspiradas en su fe cristiana, decidieron establecer esta asociación civil y con mucha ilusión y entusiasmo acudieron a ver a JFA para exponerle su proyecto. Su intención era construir este lugar para acoger a niños tan dañados, comprometiéndose, además, a sostenerlo económicamente, pero necesitaban que alguna comunidad de religiosas se hicieran cargo de la atención de los niños.
 
Le presentaron a JFA incluso la maqueta del edificio y le pidieron su apoyo para conseguir las religiosas y su aprobación para la obra. JFA les mostró desde el primer momento cierta apatía y trató de señalar más las dificultades que las posibilidades que tenían, les dijo que para atender a esos niños se necesitaba un personal especializado. Las señoras le hicieron ver que aquellos niños no eran pacientes psiquiátricos ni agresivos, que aunque no descartaban la capacitación, lo que ellos necesitaban era mucho amor y que, de hecho, ellas ya estaban trabajando durante las tardes con ellos, con muy buenos resultados.
 
Le dijeron también que había muchos niños deambulando en las calles, sucios, maltratados y víctimas de atrocidades. Que las instituciones existentes no bastaban para solucionar ese problema y que ellas estaban dispuestas a ayudar. Lo invitaron a que fuera a conocer la obra para que supiera de qué estaban hablando y que comprobara por sí mismo lo que necesitaban. Viendo que no obtenían respuesta a su invitación, volvieron a solicitarle su apoyo, pues ya no se trataba de un simple proyecto, ya que el Gobierno del Estado les había donado un terreno de cinco mil metros cuadrados, y la Fundación del Empresariado Chihuahuense les estaba ayudando a construir.
 
Le insistieron a JFA que les ayudara buscando alguna congregación que proporcionara por lo menos dos religiosas. Lo único que lograron fue que les dijera que ellas mismas las buscaran, pero no les dio siguiera una carta de recomendación o que dijera que lo hacían con aprobación suya. Decepcionadas las señoras por su falta se sensibilidad, siguieron adelante como pudieron. Aproximadamente un año después, recibieron del arzobispado un aviso de que iban a venir a Chihuahua unas religiosas colombianas que andaban buscando una obra en qué trabajar. Las señoras se entrevistaron con ellas pero lamentablemente no se pudo llegar a ningún acuerdo. Recordando esos incidentes, una de las personas que fueron a visitar a JFA se expresa así:
 
"Estamos decepcionados y pensamos que el Sr. Arzobispo debería darnos ejemplo de lo que Dios nos enseñó por medio de su Hijo: sencillez de corazón, colaboración para el bienestar y respeto hacia los más necesitados. Con todo respeto, sentimos que no tiene la humildad que requiere un pastor de nuestra Iglesia, más bien da la impresión de ser un jerarca de la Edad Media, que no acepta a los pobres, no se acerca a conocer el trabajo de quienes tratamos de hacer algo por ellos, no nos anima a seguir haciéndolo. Lo sentimos muy lejano”.
 

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