Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
¿Y los Padres?
 
Raúl Sánchez Küchle
 
No es la primera vez que tocamos el tema, quizá no sea la última. Recientes acontecimientos y algunos otros de tiempo atrás nos hacen volver a exponer lo que en alguna ocasión hicimos. Y es que el que una muchachita de escasos quince mande asesinar a su exnovio de diecisiete, que su primo adolescente la secunde en su idea, y que luego del crimen ella no muestre arrepentimiento, no es cosa de todos los días y causa inmensa tristeza, pero -ojo- casos parecidos o que caminan en la línea del rencor o la desesperanza son cada vez "soportados” por nuestra sociedad como el que una niña de trece años muera por ingestión alcohólica. La depresión, la angustia, el fastidio, la falta de metas en la vida, el vivir el "momento”, el pensar que los demás deben ajustarse a mis caprichos, son síntomas graves que emergen entre algunos adolescentes, y si bien esto aún resulta esporádico, hay señales que muestran que puede crecer.
 
Y podemos posar la mirada en otros hechos, no sangrientos o mortales en cuanto al cuerpo, pero que sí pueden lesionar o matar el espíritu o desangrar la mente. A escasas cuadras de la escuelas preparatorias e incluso secundarias, se pueden observar parejas de jovencitos, algunos con uniforme escolar, que se arrejuntan, se acarician, se besan y unos que otros casi se refocilan a plena luz del día, no se diga al empezar a caer la oscuridad. Algunas páginas de sociales de los periódicos muestran jóvenes mujeres, unas más grandes otras casi niñas con escasa vestimenta, en concursos auspiciados por instituciones educativas que, se supone, son forjadores de los valores humanos de la juventud. Grupos de jóvenes – de hombres, mujeres o mixtos-caminan por las calles o se plantan en esquinas o paradas de camión y su léxico, en algunos casos, es peor que el de los carretoneros, con perdón de estos últimos y, en ciertas ocasiones, las alusiones sexuales se tornan en tema de conversación o caen en la vulgaridad. El respeto de hombres a mujeres -de todas edades o de mujeres a hombres, parece no existir en un porcentaje que crece día a día. La vestimenta de muchas jovencitas y aun de algunas entradas en años deja mucho que desear y poco a la imaginación.
 
Muchos niños y adolescentes y otros mayores- se pasan horas pegados a la tele al Internet o los videojuegos, con descuido evidente de sus tareas escolares o la convivencia familiar o de amistad con otros de su edad. Y podríamos seguir citando situaciones que palpamos en nuestro alrededor. Queremos aclarar que este panorama no es general, pero sí tiende a darse en más ocasiones. Ante lo anterior, la pregunta es obligada. ¿Y los padres?, ¿y los maestros?, ¿y los guías?, ¿y las autoridades?, ¿y los adultos? Porque si algún joven, hombre o mujer es capaz de matar o causar atrocidades, de embarcarse en relaciones amorosas o sexuales que le causan daño, de dejarse embaucar para delinquir, para robar, para hacer trampa en los exámenes, de permitir que el tiempo se le vaya sin ton ni son, de creer que por ser joven tiene libertad para realizar todo lo que le venga en gana…es porque sus padres, sus maestros, sus guías…no están presentes o no han sabido encauzarlos por el camino de la responsabilidad, o les han bajado su autoestima, o los han dejado a la deriva o el abandono.
 
Por eso, el papel de los padres-padre y madre- es insustituible, la familia como foco que ilumina el camino no puede ser cambiada. Por eso también, la necesidad de crear conciencia en los adultos de que si quieren un mundo mejor para sus hijos, deben cambiar sus actitudes y, quizá, hasta su estilo de vida. El acercamiento entre padres e hijos, el diálogo, la comprensión. El amor, es clave y básico para los adolescentes y jóvenes. Y el divorcio o la mentalidad divorcista, el machismo, el abandono, o el poco entendimiento de los padres es lo más demoledor para ese efecto. ¿Dónde están pues los padres?
 

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