Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
¡¡¡Feliz Año Nuevo!!!
 
Maricarmen Lebre Guinea ¡Corra Doña Ana, que se nos hace tarde para llegar a misa! Ya voy Benigna. ¿Cuál es la prisa? De todas formas ya sabemos que el P. Ruperto siempre sale tarde por andar leyendo el periódico, o porque no falta quien le pida una bendición de última hora. Se pasa Anita, si no lo digo por eso, lo digo porque no me quiero quedar parada todo el tiempo, ya ve que en esta misa de Fin de Año y también en la de Navidad que acaba de pasar, siempre va "harta gente”, además con eso de que "se nos va a acabar el mundo”, más vale hacer las paces con Diosito, no sea que de veras nos agarre desprevenidas. Y así, con un ojo de venado bajo el rebozo, calzones rojos, un atado con un dólar y lentejas entre los senos, un borreguito en la cartera, una pulsera de San Judas Tadeo desteñida, las maletas ya bien cerca de la puerta y un plato con manzanas y canela sobre la mesa del comedor, Benigna salió de su casa y acompañó a su vecina octogenaria a la misa de fin del año 1999, bien segura de que s a las 12 de la noche el volcán Popocatépetl hacia ¡PUUUUM! Tal y como se lo había advertido su peluquero, y el mundo se acababa, ella segurito segurito vería nada más a los puros angelitos.
 
Como ella cientos de personas acudieron ese año a misa, a pesar de no figurar entre sus más arraigadas costumbres dar gracias a Dios. Por miedo, por una espontánea chispa de fe, o por pura precaución, ahí estaban, muy atentas a la homilía, muy metidas en la oración, muy dadivosas con la limosna, muy abrigadas, sin importar si estaban paradas; no cabeceaban. Los más arrepentidos estaban formados junto al confesionario, donde el padre que originalmente concelebraría se quedó más tiempo del planeado. Yo no he visto tanta gente en misa, pareciera que la conversión, producto de la efervescente idea de que el mundo en realidad se acabaría en el año 2000 se frenó, y como el mundo no se acabó. "a darle vuelo a la hilacha”, diría mi abuela. Para algunos más informados, que no menos fanáticos, ese año sólo representó el inicio del último período de gracia con duración de 13 años antes de que el mundo verdaderamente entre en un nuevo ciclo, antes de que según las profecías mayas, termine una etapa de 5125 años, para dar lugar a un "nuevo amanecer” a una era a la que en muchas otras culturas, no sólo en la maya, se le conoce como la era de la luz, la era de la mujer, de la madre.
 
Una época que empezará con un cambio astronómico (no astrológico). En teoría el sol manifestará cambios de temperatura, de concentración de gases y llamaradas que alterarán la vida de nuestro planeta por completo. Época que temerariamente tiene hasta fecha del inicio; 22 de diciembre de 2012. Si usted ha visitado las librerías recientemente, encontrará un número considerable de obras que hacen referencia a esa fecha. Nuevamente un período de tintes apocalípticos amenaza con llenar las pantallas de televisión, los artículos de las revistas, las ondas hertzianas de la radio, las páginas de internet. Si es usted algo curioso incluso puede comparar algunos signos de esas profecías, con las visiones del padre Pió, con las de Sor Faustina, puede ser que se sorprenda con varias coincidencias; sin embargo, le quiero preguntar directamente, ¿de qué sirve enterarse de todo eso si el verdadero fin de una época de egoísmo, de violencia y de materialismo no empieza en su vida personal? ¿Cuándo fue la última vez que prefirió ver un partido de futbol por la tele en vez de salir a jugar futbol con sus hijos? ¿Cuándo fue la última vez que prefirió cerrar una riña familiar con un abrazo y un beso en lugar de con un grito y un portazo? ¿Cuándo fue la última vez que prefirió comprarse una cajetilla de cigarros, jurando que ahora si era la última y se puso a dieta, antes de dar ese dinero a la señora con tres hijos, a la vista, que le pidió "una ayudadita”? ¡Por favor! ¿Recuerda el pasaje bíblico donde Jesús nos dice que hay que "renacer” para empezar a seguirlo, a descubrir el reino? El cambio es personal, y la suma de los cambios personales hará el gran cambio; no lo dude ni un segundo. Es como la tos o los bostezos, ¿no me cree? Tosa usted en una sala donde hay varias personas, o bostece y verá que por lo menos una o dos personas le siguen…Lo bueno y lo malo se contagian. Seamos propagadores de los bueno. Sí, seguramente en este momento se estará preguntando.
 
Bueno ¿ésta quién se cree para estarme interrogando sobre lo que hago o dejo de hacer?, ¿ella está en estado de gracia perpetua? Hágamela buena amigo(a), como decía aquel personaje de Luis de Alba, el "pirrurris” ¿lo recuerda? Lejos de darme baños de pureza con estas letras simplemente lo quiero invitar una vez más a que reflexione, aprovechando que el año empieza, sobre lo que es verdaderamente importante en su vida, sobre lo que pueden ser unos verdaderos "propósitos de año nuevo”, más allá de si baja o no de peso, si deja el cigarrillo, si este año cambia de coche, si ahora si a San Antonio lo deja de poner de cabeza. Hay que hurgar en nuestra esencia personal, en nuestro ser hijos de Dios. Cómo estamos funcionando. Si de verdad le estamos respondiendo. Con profecías o sin ellas, el sentido común nos indica que debemos aspirar a la vida, al respeto por la dignidad de todos los seres vivos, a la evolución y el cambio positivo. Poco o nada podemos hacer para evitar las catástrofes naturales, los ciclos del universo, las guerras, pero mucho podemos hacer en relación a nuestras propias actitudes, a nuestra manera de encarar la vida que Dios nos ha asignado, a tomar el control de nuestro camino y asumir la misión de servir y ayudar a ser mejores. Empezando por una sonrisa diaria al prójimo. Puede ser una gran comienzo ¿usted a cuántas personas les ha sonreído hoy?
 
¡Feliz Año Nuevo!
 

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