Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


PAPÁ Y MAMÁ, ¿DE QUIÉN SON SUS HIJOS?
Comentario a Lucas 2,41-52, evangelio del domingo 27 de diciembre del 2009, solemnidad de la Sagrada Familia.
Pbro. Carlos Pérez Barrera
     Continuamos con la contemplación del Hijo de Dios hecho carne. Navidad no es una fiesta social o familiar, es la fiesta del Nacimiento de Jesús. Ahora ponemos nuestra mirada en esas tres personas que ocupan la gruta de Belén: el Niño Jesús, su madre y su padre.
     La Familia es de las realidades más golpeadas en estos tiempos: desintegración, crisis económica, divorcio, y además, sus cuestionamientos ideológicos: matrimonio entre homosexuales y el derecho de adopción que defienden ellos.
     Los creyentes queremos encontrar una respuesta a la familia de parte de Dios, en su Palabra. No queremos aferrarnos a fundamentalismos, no queremos ser simplistas, pero tampoco aceptamos la ligereza con que propone nuestra sociedad otras opciones. Queremos abrir nuestro corazón para que Dios lo ilumine con su santo Espíritu.
     Marcos no menciona a José, sólo nos dice "el hijo de María” (Marcos 6,3). Lucas, en cambio, nos ofrece la imagen de la familia completa, unos pobres avecinados en la marginada Galilea, religiosamente obedientes a la ley de Moisés. Son los anawim o pobres de espíritu de los que nos hablan los profetas.
     En esta familia contemplamos el modelo de las familias. Sin embargo, Jesús, que ha dejado de ser niño, nos ofrece la nota desconcertante. Cuando tenía 12 años se queda en Jerusalén, por decisión propia. No se pierde, como lo decimos nosotros con frecuencia. Más bien se queda por un acto que nos parece desobediencia.
     El evangelio no se detiene en la celebración de la pascua, no nos da detalles de lo que hicieron estas tres personas en la ciudad, dónde celebraron la fiesta, de qué manera. No. El evangelista pasa directo a lo que le interesa, que Jesús dejó de ser niño, que superó la dependencia infantil de sus padres, que pasó a la edad y al ámbito de la obediencia a Dios. De niño vivió sujeto a sus padres, es la mirada retrospectiva de Lucas 2,51. Ya mayorcito vivió sujeto al Padre eterno.
     ¿Qué no sabían eso?, les pregunta Jesús ya no niño a sus padres. Y esta pregunta se la queremos dirigir a todos los padres y madres de familia. ¿Qué no saben que sus hijos tienen que ocuparse también de las cosas del Padre de los cielos? Dios les confía a los hijos mientras están pequeños, pero su labor de papás y mamás consistirá en ir haciéndoles pasar a ese otro ámbito de obediencia. Ana, primera lectura de hoy, es el prototipo de las madres cristianas, quien, cuando el pequeño Samuel tendría apenas unos dos años de edad, lo entregó para el completo servicio de Dios en el santuario de Siló.
     Los hijos, ésa es la tarea de los padres, tienen que ir creciendo en lo humano y en lo divino: crecer en estatura física, en capacidades humanas, crecer en la libertad, en la madurez, en el juicio, en la responsabilidad, en el amor, en el compartir, pero sobre todo en la escucha y obediencia a Dios, y este tiene que ser un paso real, visible. En suma, todo lo que contemplamos en Jesucristo en su ministerio, es el trabajo de papá y mamá, hacerlos madurar hasta ser capaces de dar la vida como él y para él. Dios por encima de todo, muy por encima de los padres, de la familia, de las instituciones humanas, de la misma institución eclesial.
 

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