Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
¿RELIGIOSIDAD O SEGUIMIENTO?
Comentario a Lucas 9,18-24, evangelio de la Misa del domingo 20 de junio del 2010.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Un abrazo a todos los padres de familia en este día. Una oración y nuestra celebración por los que ya fueron llamados por Dios de este mundo. Todos agradezcan a Dios este don precioso de la paternidad que tiene su fuente permanente en su Paternidad divina.
 
     Antes de tomar la firme decisión de subir a Jerusalén (vea Lucas 9,51), para su entrega definitiva de la vida, Jesucristo hace un alto en el caminar con sus discípulos. En un ambiente de oración hace un crucial discernimiento sobre su identidad y su misión. Lo ha hecho él como un acto de obediencia al Padre, pero también este discernimiento es un servicio para los suyos, sus discípulos de aquel tiempo y los de ahora.
     ¿Quién es Jesús? Esta pregunta es fundamental para todo cristiano y para toda la Iglesia. Y cada quien, y todos juntos, la tenemos que responder, no de memoria, sino desde nuestra vida, y desde nuestro caminar como Iglesia.
     La respuesta de Pedro es en realidad la respuesta del evangelista, la respuesta del creyente: "Tú eres el Cristo de Dios”. La palabra "cristo”, eso lo debemos de saber todos los que nos decimos cristianos, significa en griego: "ungido”, "señalado”, indicado”, "consagrado”. Desde la antigüedad los judíos realizaban esta acción de ungir con aceite a una persona para dedicarla a una misión muy especial. Eso se hacía con los reyes, con los sacerdotes, que quedaban marcados profundamente en su ser con esa misión. La consagración no es una distinción para la persona, un adorno para sí mismo, sino para la tarea que Dios encomienda, y es una unción que marca el ser profundamente.
     Esta respuesta, "tú eres el Cristo de Dios”, nos remite necesariamente a Lucas 4,18, cuando Jesucristo hace su presentación en la sinagoga de Nazaret. Ahí, proclamando un pasaje del profeta Isaías, 61,1-2, les dice que él ha sido ungido, consagrado por el Espíritu para llevar la Buena Nueva a los pobres. Ése es su mesianismo, su consagración. Porque ha sido consagrado para los pobres, para los oprimidos, etc., es por eso que va a sufrir persecución. Hoy nos dice: "es necesario…” Esa necesidad le viene por la radicalidad con que Jesús asumió su misión de proclamar el Reino de Dios para aquellas pobres gentes, de proclamarlo y de empezar a hacerlo una experiencia tangible.
     ¿Y nosotros? No somos espectadores. Jesús nos convoca a seguirlo: "el que quiera venir en pos de mí”. Lo decimos siempre y hay que seguirlo repitiendo cada vez que se nos presente: Jesucristo quiere seguidores, no meramente católicos de devociones. Seguir a Cristo es colaborar con su obra de anunciar el evangelio a los pobres, abrir los ojos a los ciegos, proclamar la libertad de los oprimidos. El cristianismo, la Iglesia, es la comunidad de los seguidores, militantes de Cristo, por eso nos decimos cristianos.
     Todo católico debe plantearse pues esta cuestión: ¿quiero irme con Cristo? Pues tengo que renunciar a mí mismo, asumir la cruz de Cristo como mía y caminar detrás de él.
 

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