Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


20 de agosto 2010
Temas candentes
La legitimación de Sodoma
POR DIZÁN VÁZQUEZ
En días pasados seguí con interés buena parte del debate de la Suprema Corte de Justicia de la Nación sobre el recurso de inconstitucionalidad presentado por el Procurador General de la Nación contra la legislación de la Asamblea del DF que declaró legales los matrimonios entre homosexuales. Al momento de redactar estas líneas la SCJN está debatiendo la legalidad de las adopciones de niños por parte de esas mismas parejas.
El resultado de la primera votación ya lo sabemos: aprobada por la inmensa mayoría de 9 de 11 ministros la legalidad y constitucionalidad de los tales matrimonios. La discusión por parte de los ministros favorables al dicho matrimonio se llevó a cabo en la más pura forma del positivismo jurídico: lo legal y lo ilegal, y por tanto lo que conviene o no conviene a la persona del ciudadano, finalmente lo que es bueno o malo para él (puesto que las leyes sirven para promover y tutelar el bien de la persona y no su mal), no depende de la naturaleza de las cosas, sino de la voluntad del legislador, que, como dijo un ministro opositor, puede decretar, aun contra la razón, que un triángulo sea un cuadrado y a una línea recta se le pueda llamar círculo. Estamos en el nominalismo
jurídico y filosófico en el que los nombres no representan ninguna realidad objetiva y universal sino lo que cada quien quiera que represente aunque contradiga lo que siempre se ha entendido por tal cosa. Así, podemos llamar caballo a un perro y vaca a una liebre… y matrimonio a la unión entre dos personas del mismo sexo.
Yo miraba y escuchaba con sorpresa cómo esa serie de ancianos, (pues todos los ministros de hecho lo son) de los que se podría esperar más sabiduría y una visión ética más consistente, intentaban defender, con enorme convicción y entusiasmo, posiciones que la más elemental racionalidad y el más primitivo sentido moral se resisten a aprobar. Dice Santo Tomás que "La ley positiva en tanto tiene fuerza de ley en cuanto deriva de la ley natural” (Suma teológica, Ia IIae. Q. 95, a. 2.). Ya sé que el positivismo jurídico, para no estar chocando a cada rato con la ley natural, ha terminado por decretar, en el más puro acto de positivismo jurídico, la inexistencia de la ley natural.
Es cierto, como dijeron los ministros, que el concepto de familia ha evolucionado a través del tiempo y que hoy se pueden dar diversas formas de familia, pero esto no vale para el concepto de matrimonio, pues cualquier forma de familia que se dé será por analogía con la familia original de padre, madre e hijos, pues tiene siempre como punto de partida y de referencia el matrimonio, que también, aunque sea contraído de formas muy diversas, siempre ha sido entre hombre y mujer, como fuente de vida que son, por su unión sexual, de los miembros de cualquier tipo de familia. Esto es lo "natural” y por tanto bueno para el ser humano, lo contrario es "no natural” o "antinatural” y por tanto nocivo para el ser humano. Pero ¿qué es lo "natural” y qué es lo "antinatural”? Desde luego, la naturaleza no sabe de discusiones en las supremas cortes ni en los congresos ni se guía por sus decretos, simplemente impone sus propias razones también por vía natural, como lo vamos a ver por las consecuencias que tiene en los contrayentes el matrimonio homosexual.
La noción de matrimonio, y eso lo sobreentienden los defensores del matrimonio gay, comporta necesariamente la relación sexual entre los contrayentes, a no ser que por alguna causa extraordinaria no puedan realizarla temporalmente o por el resto de su vida. Además, la relación sexual entre hombre y mujer no sólo es ineludible sino que es fuente no sólo de placer sino de crecimiento espiritual y de salud física y psicológica de los esposos. Esto no sucede en las relaciones homosexuales, sino todo lo contrario, como lo han demostrado serios estudios científicos que no cito aquí por la brevedad del espacio, pero que están a disposición del que los quiera. Por principio de cuentas, la descripción de las relaciones de una pareja heterosexual, por muy cruda que parezca o por inconveniente que sea fuera del contexto adecuado, no deja de tener su propia belleza que proviene de lo natural, de lo original, y para el creyente, de lo planeado por el mismo Dios. ¿Se puede decir lo mismo de una descripción detallada de la relación homosexual? Pero más allá de lo que podría parecer una simple cuestión de gustos, la realidad nos habla de las consecuencias devastadoras de este tipo de relaciones.
Entre las muchas investigaciones que hay al respecto, me voy a referir a un estudio presentado por el Dr. John R. Diggs. Jr., titulado "The Health Risks of Gay Sex”, dividido en cinco áreas: 1. Niveles de promiscuidad, 2. Salud física, 3. Salud mental, Expectativas de vida, y 5. Monogamia y fidelidad.
1. Niveles de promiscuidad. Antes de la irrupción del Sida, en 1978, un estudio en Estados Unidos mostró que el 25 por ciento de varones homosexuales blancos había tenido relaciones con más de cien hombres diferentes; el 15 por ciento con entre 100 y 249; el 17 por ciento de 250 a 499; el 15 por ciento de 500 a 999 y el 28 por ciento con más de mil. Hoy, pasado el primer susto del sida, la promiscuidad está llegando a los niveles de los años setenta. De 1994 a 1997, en San Francisco California, las relaciones, mayoritariamente entre jóvenes, subió del 23.6 por ciento al 33.3. Significativamente, el porcentaje de promiscuidad entre los que se declaran públicamente gays en relación con los que permanecen en el closet es cuatro veces mayor.
2. Salud física. El sexo entre hombres tiene muchas más probabilidades de causar enfermedades que la actividad heterosexual y esto es precisamente por la forma como el primero se lleva a cabo, que es la habitual mientras que en la segunda es ocasional. Entre las enfermedades que se dan con mucho más frecuencia en parejas homosexuales están, desde luego el sida, pero también el cáncer anal y por lo menos otras once más. La sífilis, por ejemplo, se da 85% más veces en parejas gays que en las heterosexuales (King County, Washinglton, Seattle, 1999). A estas enfermedades hay que añadir otros problemas físicos asociados con prácticas homosexuales como las hemorroides, fisuras, etc.
3. Salud mental. Muchos estudios relacionan altas tasas de enfermedades psiquiátricas con las prácticas homosexuales, entre ellas, depresión, abuso de drogas, intentos de suicidio. Algunos explican esa incidencia por presión de la homofobia a que están sujetos los gays, pero estudios llevados a cabo en Holanda, donde la aceptación social de la homosexualidad, incluyendo el matrimonio legalizado hace tiempo, es mucha más grande, muestran la persistencia de tales afecciones.
4. Expectativas de vida. La gran incidencia de enfermedades físicas y mentales entre los homosexuales activos lleva, obviamente a un menor promedio de vida. Un estudio hecho en Canadá, que abarcó de 1987 a 1992, reveló que la expectativa de vida de los que practican sexo homosexual se reduce en un promedio de 20 años. Por ejemplo, la probabilidad de que una persona homosexual o bisexual de 20 años llegue a los 65 era de 32 por ciento, mientras que para hombres en general era de 78 por ciento. Una expectativa de vida mucho menor que la de los que fuman, que es del 13.5 por ciento.
5. Monogamia o fidelidad. Otro estudio en Estados Unidos muestra que mientras el 94 por ciento de heterosexuales casados y el 75 por ciento de los que simplemente cohabitan tienen sólo una pareja sexual durante el primer año de vida en común, el 66 por ciento de los homosexuales, especialmente hombres, han tenido relaciones con otro durante el primer año de convivir con su pareja. Este porcentaje se eleva al 90 por ciento en los siguientes cinco años. Otro estudio mostró que sólo el 15 por ciento de gays y el 17.3 de lesbianas tuvieron una relación monogámica fiel que duró más de tres años.
¿No nos está probando todo esto que la ley natural sí existe y que no sólo es preciso obedecerla sino legislar conforme a ella? En este punto todavía nos podemos preguntar: ¿qué fue lo que en realidad aprobaron nuestros venerables ministros de la SC? ¿qué avance en la calidad de vida y en los derechos humanos fue lo que aprobaron los legisladores del DF y sancionaron los ministros de la SCJN? ¿de qué manera mostraron su responsabilidad histórica con la nación? Si no viéramos el asunto más que desde el punto de vista de la salud, ¿no se hacen campañas para reducir en México, por ejemplo, la difusión de la diabetes o de la obesidad por ser casos que afectan la salud pública, es decir de amplios sectores de la población? ¿cómo es que por otro lado se aliente la difusión de un estilo de vida que puede constituir otro grave problema de salud pública?
Y, finalmente, si los ministros basaron su aprobación del "matrimonio” homosexual en que es una exigencia "mayoritaria” de la población, o en todo caso lo exige el derecho de una minoría, qué van a decir cuando dentro de poco los musulmanes, que están creciendo en México, exijan el reconocimiento de su matrimonio poligámico, y más tarde, como ya sucede en los países islámicos, el matrimonios de adultos con niños? (dizanvaz@hotmail.com)
 

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