Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
¿DÓNDE ENCONTRAR LA FELICIDAD?
Domingo 30 de enero del 2011, 4º ordinario
Comentario a Mateo 5,1-12.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En el evangelio según san Mateo distinguimos claramente cinco discursos de nuestro señor Jesucristo. El primero de ellos es el famoso sermón de la montaña. Se llama así porque el mismo evangelista nos indica que Jesucristo subió a un monte y se sentó a enseñar a sus discípulos y a la multitud.
     El sermón de la montaña abarca tres capítulos de este evangelio, el 5, el 6 y el 7 completos. Léanlo ustedes en su Biblia, estúdienlo pausadamente, nutran su espiritualidad cristiana con ese discurso. El sermón de la montaña comienza con las bienaventuranzas. Nueve veces menciona nuestro Señor "bienaventurados” o "felices”. No tomemos estas bienaventuranzas como meras expresiones bonitas que nos hacen salir de la realidad. No es ciencia ficción. Tomémoslas tal cual las pronunció y las vivió en su misma persona nuestro Señor.
     Fíjense la manera tan sabia como Jesús nos propone estos ideales de vida cristiana. No nos está diciendo imperativamente cómo debemos ser. No nos suenan a ordenanzas autoritarias. De manera muy dulce, muy suave, atractiva nos hace Jesucristo estas propuestas: felices, bienaventurados. ¿Quieres ser feliz?, pues éste es el camino. Todos buscamos la felicidad, pero a veces, por no decir siempre, buscamos la felicidad de manera equivocada, la queremos encontrar en el dinero, en el poder, en los honores humanos, en el placer pasajero, en las cosas materiales. Jesús nos dice hoy dónde podemos encontrar la felicidad verdadera, y ¡vaya que él sí sabe porque lo ha vivido en carne propia!
     Jesucristo dice: "bienaventurados los pobres de espíritu”. ¿Quiénes son ellos? Si solamente decimos que bienaventurados son los pobres, como lo leemos en san Lucas, es posible que no le creamos mucho a Jesucristo. Pero si nos dice que los pobres de espíritu, es posible que sí, aunque nos sintamos muy lejos de ellos. Un pobre de espíritu es aquel o aquella que elige la pobreza en su persona, que no se afana por las riquezas, que pone su corazón en Dios, que trabaja mucho pero no para hacerse rico, que es sencillo, modesto en su manera de vivir, que se sabe pobre delante de Dios, que se solidariza con los pobres y con su causa. De acuerdo con esto, podríamos decir que, por el contrario, las personas que se afanan por las riquezas, por el tener, por las cosas materiales son a fin de cuentas infelices, porque nunca tienen llene. Entre más adquieren, más cuenta se dan de que eso no los hacía felices. Y la experiencia humana nos lo dice, cuántos casos nos encontramos así, y lo vemos en la tele y en el cine. A ellos y a todo mundo hay que decirles que el camino de la felicidad está en Jesús. Jesucristo vivió esta bienaventuranza, nació pobre en un pesebre, vivió como un pobre en la marginada Galilea, murió literalmente despojado de todo en una cruz. Y sus seguidores, los santos han seguido ese mismo camino de la felicidad.
     "Bienaventurados los mansos”. Nos dirá Jesús, más adelante, que aprendamos de su mansedumbre y de su humildad para tener descanso en él (Mateo 11,29).
     "Bienaventurados los que lloran”, nos dice Jesús y nos sorprende. O lloran o son felices, una de dos. Es cierto que los que lloran lo hacen porque sufren. Cuánta gente está sufriendo hoy día por la violencia, por la inseguridad, por la injusticia reinante. Jesucristo sabe ver más allá de la superficie. Detrás del llanto de tantísimas personas, Jesús ve la felicidad de Dios en ellas. Sólo Dios sabrá hacer felices a todas estas gentes, con una felicidad que ni podemos imaginarnos. A Jesús también lo vimos llorar y sufrir, por eso decimos que no se equivoca.
     "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia”. Ya no son solamente los que tienen hambre de comida, como nos lo dice Jesús en san Lucas. El hambre y la sed también se sienten en el corazón, sobre todo en estos tiempos de tanta injusticia, de tanta pobreza, desempleo, marginación, desintegración personal y social. Esta bienaventuranza está dirigida a todas aquellas personas que luchan honestamente por los derechos de los demás, de los indígenas (como don Samuel Ruiz, que fuera obispo de san Cristóbal, Chiapas, que acaba de fallecer), que luchan por los derechos de los niños, de las mujeres. Jesús habla de la justicia de Dios para todos ellos. Felices, pues, los que luchan por la justicia sacrificando su propio bienestar y su vida. Jesucristo es uno de ellos.
     "Bienaventurados los misericordiosos”. ¡Qué bella propuesta de Jesús! En san Lucas Jesús nos dice que seamos misericordiosos como Dios es misericordioso (Lucas 6,36). La misericordia fue una de las virtudes que distinguió a nuestro Señor. En su persona nos revela el rostro misericordioso del Padre.
     "Bienaventurados los limpios de corazón”, los que no tienen malicia, los que nos buscan el mal, los que son transparentes en su persona, los que no tienen nada que ocultar. La transparencia es lo que le pedimos a nuestra jerarquía eclesiástica. Que no se preocupe tanto por guardar las apariencias. El futuro de nuestra Iglesia no está en el aparecer sino en el ser. Así fue Jesucristo, transparente y limpio como el agua.
     "Bienaventurados los que trabajan por la paz”. Cómo hace falta en nuestros días que trabajemos por la paz, es nuestra vocación cristiana, de todos los que nos decimos católicos, la paz de Dios que es la verdadera y profunda, no la de los hombres. Sólo en la paz de Dios esta sociedad podrá sentirse feliz, nuestros niños, nuestras familias.
     "Bienaventurados los perseguidos por causa de la justicia” y por causa de Jesús. Es una bienaventuranza desdoblada en dos. Nos extraña que Jesús termine diciéndonos que nos alegremos y nos regocijemos cuando nos vengan contrariedades y persecuciones por su causa. ¿Tenemos esa capacidad para alegrarnos en las adversidades? Jesucristo sí. Para nosotros es difícil alegrarnos cuando nos ofenden por causa de la justicia de Dios, por causa de Jesús, pero el día que lo consigamos, seremos inmensamente felices, nos veremos calcados en el crucificado.
 

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