Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
¡VELEN!, PORQUE NO SABEN EL DÍA NI LA HORA
Domingo 32º ordinario, 6 de noviembre del 2011
Comentario a Mateo 25,1-13.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     En nuestra lectura continuada de san Mateo hemos llegado al capítulo 25. Tres domingos estaremos en este capítulo. Jesucristo ha terminado de hablar con los notables del pueblo en los atrios del templo, y ahora se dirige de manera especial hacia sus discípulos. Los capítulos 24 y 25 son la respuesta a ellos sobre los tiempos venideros, a propósito de su pregunta de cuándo será destruida esa construcción grandiosa del templo de Jerusalén. La parábola de las diez muchachas es continuación de su llamado a estar alertas del final del capítulo 24.
 
     Para motivarnos a vivir de manera más intensa nuestra vida cristiana, Jesucristo se vale de una parábola sacada de la vida del pueblo, una fiesta de bodas, una costumbre popular de aquellos tiempos y lugares. El novio, que previamente se había desposado con su novia, cuando ya la fiesta se había preparado debidamente venía con su comitiva a tomar de manera definitiva a su esposa, y lo hacía mediante una fiesta. Iniciada la fiesta se cerraban las puertas, bien atrancadas. Jesucristo seguramente asistió en varias ocasiones a esta clase de fiestas. La vida del pueblo era parte de su vida, y él era parte de esa vida.

     Jesucristo está hablando del Reino de los cielos, esto no lo debemos pasar por alto. Aplicamos esta parábola a innumerables momentos de nuestra vida cristiana y social, pero sin olvidar que su aplicación más propia se refiere a la entrada o a formar parte definitiva del Reino de Dios. De nueva cuenta compara Jesús el Reino con una fiesta de bodas. No habla del ingreso a un convento o a un seminario, sino a una fiesta.

     Así es que, quien quiera ser partícipe de la fiesta de Dios y de las bodas de su Hijo, alístese, prepárese convenientemente, póngase alerta para la llegada del novio, la llegada de Jesucristo. En otras palabras, viva su vida cristiana tan preparado como las cinco muchachas previsoras.

     Hay algunas parábolas y demás enseñanzas de nuestro Señor que nos resultan, en algún punto, un poco duras o drásticas: son buena noticia por un lado, pero también una sentencia dura por el otro. Buena noticia nos parece que las cinco muchachas hayan entrado a la fiesta con el novio. Mala noticia nos parece el que las otras cinco se hayan quedado fuera y que por ningún motivo las dejaran entrar. Tomémoslo no como una amenaza sino como una advertencia. Si nuestro Señor no se pone severo con nosotros, somos capaces de no tomarnos en serio sus llamadas. Así es que más nos vale ponernos al corriente en nuestra vida cristiana.

     ¿Cuáles cosas son parte importante de nuestra vida cristiana? El estudio de los santos evangelios, la celebración dominical, el ejercicio de la caridad, el servicio, el ambiente de fraternidad, la reconciliación con Dios y con los hermanos, cuando se ha roto la relación; la conversión o cambio de vida, el trabajo por la paz y la justicia, el trabajo por la construcción del Reino de Dios ya desde ahora. ¿Cómo queremos ser parte de la fiesta de Dios, de su Reino, si no ponemos la parte que nos toca en ese proyecto tan fascinante, para que realmente sea la fiesta del mundo, de su salvación?

     Precisamente porque se trata del Reino, en esta recomendación que nos hace Jesús también entran nuestros deberes como sociedad, nuestras responsabilidades familiares, laborales, políticas, sociales, etc. Esto es ser cristianos.

     No dejemos, como las otras cinco muchachas, las cosas para el último momento. No hagamos de nuestro catolicismo una religión de urgencias (llamen al padre porque ya se está muriendo). Acojamos la advertencia de nuestro Señor. Vivamos el Hoy como si fuera el último día de nuestra existencia, nos dicen los predicadores; formémonos en cumplir nuestras responsabilidades en su debido momento.
 
 

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