Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
EL REINO DE DIOS ESTÁ CERCA, CONVIÉRTANSE
Domingo 22 de enero del 2012
Comentario a Marcos 1,14-20.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Empezamos la lectura dominical continuada del evangelio según san Marcos, lo haremos cinco domingos en esta primera etapa del tiempo ordinario y después la continuaremos en la segunda, pasando el tiempo de pascua. Ésta es una oportunidad para que cada uno de nosotros se proponga leerlo completo.
 
     El pasaje que proclamamos hoy es fundamental para nuestra fe y para nuestra comprensión de la misión del Hijo de Dios. Este texto es clave para entender nuestro cristianismo, nuestra Iglesia. Apréndanse estos versículos hasta de memoria. Desde el primer versículo de su evangelio nos había dicho este evangelista que su escrito se trataba de una buena noticia, la buena noticia de Jesucristo Hijo de Dios. Ahora escuchamos en boca de él mismo la proclamación de esa buena noticia. Por aquellas tierras pobres y marginadas de Galilea apareció Jesús, sin contar con ningún honor ni autoridad humana, como un simple hijo de vecina, proclamando la llegada del Reino de Dios. Ésta era y sigue siendo la mejor noticia que jamás hayan escuchado los pobres: Dios estaba de su parte y tenía decidido darles gratuitamente su Reino, o mejor dicho, crear con ellos mismos su reinado de amor y de justicia, de paz y de fraternidad.

     Yo destaco tres cosas en este pasaje evangélico: el llamado a la conversión, la proclamación de la buena noticia del Reino de Dios, y el llamado de Jesús a sus primeros discípulos.

     La Iglesia ha puesto su atención en el primer aspecto al ofrecernos como primera lectura un pasaje del profeta Jonás. Este profeta había sido enviado por Dios para convocar a la ciudad de Nínive a la conversión. Los habitantes de esa gran ciudad se pusieron en estado de penitencia y Dios los perdonó. Como los profetas de la antigüedad, también Jesucristo continúa en esa línea: no será la parte principal de su mensaje pero sí una parte importante e indispensable: la conversión, el cambio de vida, la transformación de personas y estructuras. Es un llamado dirigido a todo el mundo. Este llamado a la conversión es la parte conflictiva del evangelio. A todos nos gusta la buena noticia de que Dios está con nosotros, los dones que él gratuitamente nos brinda, su proyecto de vida. Pero la exigencia de cambiar es lo que nos incomoda. Este llamado a la conversión es lo que nos confronta con nuestro mundo, con el mundo del consumo, del dinero, de la política, con toda nuestra sociedad. Hay muchas cosas que cambiar, el ser humano tiene que cambiar desde dentro, nuestra estructura social tiene que cambiar, nuestra estructura económica. Es necesario cambiar si queremos otro mundo. Y sí es posible otro mundo, el primero que lo dice es Dios en su Hijo Jesucristo.

     El segundo aspecto del mensaje de Jesús y su parte más importante y central es el anuncio de la llegada del Reino de Dios, una buena noticia para todo nuestro mundo. Espero yo que a base de insistencia tras insistencia, todos vayamos entrando poco a poco en la comprensión de este proyecto de Dios, de este plan de salvación, de su santa voluntad expresada en estas pocas palabras: el Reino de Dios. El Reino es el proyecto de Dios de hacer de nuestro mundo un mundo de paz, de amor de fraternidad, de amor, de justicia, un mundo como Dios lo entiende, un mundo como sólo él sabe que es lo mejor para los seres humanos. Jesucristo, su Hijo, ha venido a anunciarlo con sus mensajes, con sus parábolas, a realizarlo con sus milagros, con toda su persona, a poner su vida como garantía de la llegada de ese Reino. El Reino de Dios es el centro de toda su existencia, sus enseñanzas, sus conflictos, su cruz, su resurrección. Todos estamos invitados a ser parte, y parte activa, de ese Reino.

     Y la tercera parte de este pasaje es el llamado que le lanza Jesús a estos primeros discípulos: "Síganme” es la palabra clave. Todos los que nos decimos cristianos debemos comprender la importancia y el lugar de este primer llamado. Porque, como lo repetimos insistentemente, si no ponemos en su justo lugar este llamado, haremos una religión católica muy distinta a lo que Jesucristo nos está proponiendo, él irá por un rumbo y nosotros por otro. Ser católico no es ser meramente un "creyente” como lo decimos muchos, entendiendo por esta palabra como un acto meramente mental. Nuestra religión, no consiste, como cosa principal, en tener rezos, devociones y ceremonias. Ser cristiano es ser un seguidor de Jesús, un colaborador suyo en la obra del Reino. Toda la Iglesia somos colaboradores del Reino de Dios que es la buena noticia para esta humanidad. Cómo hace falta que les llevemos este mensaje al resto de los católicos y los entusiasmemos por esta obra tan grande y tan fascinante, para que realmente se comprometan con Jesucristo.

     Finalmente una palabra sobre la semana u octavario por la UNIDAD DE LOS CRISTIANOS que estamos celebrando. Responde a la realidad triste que nunca debemos aceptar, de que muchos nos decimos cristianos pero no estamos integrados en una sola Iglesia. Dios nos convoca a la unidad, lo leemos claramente en la Palabra de Dios, la unidad en la diversidad, no en la uniformidad. Es voluntad de Dios que seamos una sola Iglesia, un solo pueblo de Dios, una sola familia toda la raza humana. Algo así es lo que nos dice san Pablo en la carta a los Efesios: "Los exhorto, pues, yo, preso por el Señor, a que vivan de una manera digna de la vocación con que han sido llamados, con toda humildad, mansedumbre y paciencia, soportándose unos a otros por amor, poniendo empeño en conservar la unidad del Espíritu con el vínculo de la paz. Un solo Cuerpo y un solo Espíritu, como una es la esperanza a que han sido llamados. Un solo Señor, una sola fe, un solo bautismo, un solo Dios y Padre de todos, que está sobre todos, por todos y en todos” (Ef 4,1-6).

 
 

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