Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
NO TRABAJEN SÓLO POR LA COMIDA
Comentario a Juan 6,24-35.
Domingo 18º ordinario
5 de agosto del 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
 
     Recordemos que después de la señal de los panes Jesucristo huyó al monte porque querían hacerlo rey por la fuerza. Él llegó caminando sobre el agua de la costa de Tiberíades a la costa de Cafarnaúm. La gente se lo vuelve a encontrar en la orilla del lago. Ahí Jesús los recibe con esa palabra clara y directa que acostumbra, les dice (vean el v. 26): "Yo les aseguro que ustedes no me andan buscando por haber visto señales milagrosas, sino por haber comido de aquellos panes hasta saciarse. No trabajen por el alimento que perece, sino por el que dura para la vida eterna”. ¿Cómo la ven? ¿No nos sacude también a nosotros esta fuerte llamada de atención de nuestro Señor?

     Acojamos esa divina Palabra en nuestro corazón, en nuestra alma y en nuestra vida. Es cierto que nos afanamos bastante por todas las cosas que Dios sabe que necesitamos: el alimento, el vestido, la casa, el descanso, la diversión… a veces hasta el afán de dinero y el consumo suntuario nos roban tiempo y energías. Jesucristo sabe bien que la gente necesita comer, por ello, en un primer momento, les ha dado pan a sobrar. Y esta señal de los panes se sigue operando día tras día, para seres humanos y para todos los seres vivientes. Dios continúa abriendo sus manos y llenando de bienes a todas sus criaturas.

     La intención de Jesucristo no era solamente dar pan material, sino que todos entendiéramos que ese pan era una señal de una realidad superior. Hay que darle de comer a nuestro cuerpo, lo indispensable, y sobre todo, hay que darle de comer a nuestro espíritu, porque somos seres espirituales no sólo carnales. No es lo mismo darle de comer a nuestro estómago que darle de comer a un pobre. Jesucristo no se dio de comer a sí mismo, sino a la multitud. El pan es símbolo de generosidad cuando se sabe partir y compartir. Los valores superiores nos distinguen a las personas como seres humanos, frente a aquellos que sólo se afanan por el consumo. El amor, la justicia, la paz, la amistad, la libertad, el servicio, el respeto, la convivencia, el arte, la ciencia, la oración, la escucha de la Palabra, la vida de fe. Pero por encima de esto está la persona de Jesucristo, él es en verdad un pan, el pan de vida. ¿Qué tanto nos afanamos por todos estos valores? ¿Qué tanto empeño ponemos en conocer y seguir a Jesucristo?

     "Yo soy el pan de vida" ¿Qué significa esta expresión? En este capítulo 6 de san Juan, Jesucristo no nos está diciendo solamente que nos acerquemos a comulgar, como un acto meramente exterior, sino que nos acerquemos a Jesucristo como una totalidad que la da sentido hondo a nuestra existencia, tanto como personas como humanidad. El ser humano tiene hambre de plenitud. Dios no quiere solamente alimentar el cuerpo de sus hijos, lo que quiere es llenarlos de vida, de una vida en plenitud, que eso es la vida eterna. Ninguna cosa puede saciar esta hambre o necesidad de vida que tenemos los seres humanos. Yo con insistencia lo estoy invitando a que estudien los santos evangelios, pero no se trata de sólo leer los evangelios como si fueran unos libros llenos de letras. De lo que se trata es de alimentarnos de Jesucristo, de asimilarlo a nuestra vida, de imbuirnos de él. Cuando estudien los evangelios, fíjense en cada gesto, en cada palabra, en cada detalle de la persona de Jesucristo y de todo su entorno. Aliméntense de Jesús en la Eucaristía, en su santa Cena. Nutrámonos de Jesucristo en cada uno de aquellos con quienes él se identifica, los que pasan por alguna necesidad.

     En la medida que nos alimentamos de Jesús, comprobamos palpablemente que Jesucristo es la vida en plenitud, la vida verdadera, la vida que tiene sentido divino. No son frases exteriores, como cuando le decimos a un ser querido "mi vida”. No. Son expresiones de una realidad profundamente sentida y entendida. Es lo que nos dice la experiencia de los grandes cristianos y cristianas que han hecho suyo a Jesucristo.

     En los próximos tres domingos continuaremos proclamando y comentando el capítulo 6 de san Juan. Estúdienlo ustedes en su Biblia.
 

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