Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
TIEMPO DE ESPERANZA
Comentario a Lucas 21,33-37.
Evangelio del 1er. domingo de adviento, 2 de diciembre de 2012
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     A la par que comenzamos el mes de diciembre, un tiempo en que afloran tan bellos sentimientos en nuestra sociedad, de amor, de amistad, de compartir, también en la Iglesia comenzamos hoy el tiempo de adviento. Nuestro país retorna al viejo partido que nos gobernó por más de 70 años. Entre los creyentes hay desde luego sentimientos muy variados. ¿Esperanza, ilusión, desilusión, fatalismo?

     Adviento es un tiempo litúrgico en que se nos convoca a incentivar nuestra espiritualidad, a vivir más intensamente la esperanza. La Iglesia nos invita a ello con la Palabra de Dios.

     Sin embargo, muchos católicos no entran en este ambiente, sino en el otro, el de la disipación, del consumo, las carreras, los pendientes, los aguinaldos, vacaciones, compras navideñas, fiestas llamadas "posadas”, y muchos etcéteras. Por ello, en primer lugar acojamos las recomendaciones que nos hace la Iglesia por medio de la Palabra de Dios, para que nos tomemos más en serio este tiempo de adviento. Dice Jesucristo: "cuiden que no se emboten sus corazones por el libertinaje, la embriaguez y las preocupaciones de la vida”. También san Pablo: "aunque son versículos del cap. 3º que no se leen hoy: "que se alejen de la fornicación, no dominados por la pasión, que nadie se aproveche de su hermano”. Pero precisamente todo esto se incentiva en el mes de diciembre en gran parte de la población, especialmente joven. Cómo llegar a ellos con la propuesta de la Palabra de Dios, nos preguntamos positivamente preocupados. Nuestro Señor nos invita más bien a vivir en vela y en oración constante, a tener fortaleza. Y san Pablo, a poseer el cuerpo, a vivir en santidad, en el amor mutuo, esmerarse en vivir con tranquilidad, trabajando con las propias manos. De esto nos habla también el salmo 25.

     Pero el llamado más hondo es a reavivar nuestra esperanza. Así Jeremías, que le recuerda al pueblo la buena palabra o promesa de Yahveh: la llegada del germen de David que traerá el reinado de la justicia y el derecho (una buena noticia para nuestro tiempo). A Jeremías le tocó vivir el asedio y la invasión de los caldeos, y padecer la ineptitud de los gobernantes de Judá. Por Jesucristo nuestra esperanza va más allá de superar los tiempos difíciles que nos toca vivir. Estamos viviendo los dolores de parto hacia la nueva creación, la redención plena, como lo llama Pablo en Rom 8. Este capítulo 21 de san Lucas es muy semejante al cap. 13 de san Marcos que proclamábamos y comentábamos hace dos semanas. Ahora volvemos sobre esta enseñanza de nuestro Señor a la luz de la promesa de su venida para consumar todas las cosas.

     Jesucristo habla aquí de guerras, terremotos, peste, hambre, cárceles y muerte para los suyos, señales cósmicas, persecuciones, traiciones, terror y ansiedad terribles en la población. Nuestro Maestro no pretende asustarnos, no es su intención que sus discípulos vivamos aterrorizados ante tantas amenazas sociales y naturales. Todo lo contrario, él nos prepara para vivir en la fortaleza, no en la debilidad; en el valor, no en la cobardía; en la alegría, no en el miedo y la tristeza; en la esperanza, no en el desánimo.

     Jesucristo habla de liberación, un término preferido por san Lucas. Éste es propiamente el llamado que debemos hacerle llegar a nuestra gente. Que no se nos embote la vida, mente y corazón con la tecnología, la sociedad de consumo. Marcuse hablaba del hombre unidimensional, y eso se aplica adecuadamente a nuestro tiempo. "Levanten la cabeza”. Diríamos hoy: caminen erguidos, con paso firme, con ilusión, que la historia aún espera la llegada del hombre nuevo en Jesucristo.

     Quisiera cultivar el corazón de todos los católicos en la esperanza. Vivamos este tiempo iluminados y alentados por la Palabra del Maestro.
 

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