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LA REFORMA DE LA IGLESIA
Lunes 9 de diciembre de 2013
Carlos Pérez Barrera, Pbro.

 
  
     Desde hace ya algunos años, sobre todo a partir del Concilio Vaticano II, muchos hemos estado viviendo en una exigencia permanente de que se hace necesaria una reforma profunda y radical de nuestra Iglesia. Nos hemos alejado mucho, muchísimo de Jesucristo y de su evangelio, que es la norma máxima para nuestra vida cristiana y nuestra vida de iglesia.

     Esta exigencia ha ido tomando forma con más claridad. Por ejemplo, en Estados Unidos se ha tenido la iniciativa de elaborar una carta al Papa para hacerle llegar esta exigencia. Hace como año y medio yo me tomé la libertad de firmarla, aunque decía poco porque no entraba en detalles. Y la verdad, para que pueda ser firmada por muchos tenía que ser así, porque cada uno tiene sus propias exigencias.

     Me gustaría ir publicando en esta página cuáles son en concreto mis propuestas para una reforma de nuestra Iglesia. No lo hago para que el Papa me ponga atención, sino para ir creando conciencia, porque creo que todos, por aquello del sensus fidei, debemos participar en los nuevos caminos de la comunidad de discípulos que Jesucristo fundó.

     Por la gracia de Dios, el Papa Francisco se ha unido a esta iniciativa, por sí mismo, y ha convocado a un grupo de ocho cardenales para que le ayuden a ir clarificando y realizando dicha reforma. Y en su reciente documento "Evangelii Gaudium” él mismo manifiesta que está decidido a llevarla a cabo. Éstas son algunas de sus palabras:

« Dentro de ese marco, y en base a la doctrina de la Constitución dogmática Lumen gentium, decidí, entre otros temas, detenerme largamente en las siguientes cuestiones: a) La reforma de la Iglesia en salida misionera…” (Evangelii Gaudium, # 17).



« Pablo VI invitó a ampliar el llamado a la renovación, para expresar con fuerza que no se dirige sólo a los individuos aislados, sino a la Iglesia entera. Recordemos este memorable texto que no ha perdido su fuerza interpelante: «La Iglesia debe profundizar en la conciencia de sí misma, debe meditar sobre el misterio que le es propio […] De esta iluminada y operante conciencia brota un espontáneo deseo de comparar la imagen ideal de la Iglesia -tal como Cristo la vio, la quiso y la amó como Esposa suya santa e inmaculada (cf. Ef 5,27)- y el rostro real que hoy la Iglesia presenta […] Brota, por lo tanto, un anhelo generoso y casi impaciente de renovación, es decir, de enmienda de los defectos que denuncia y refleja la conciencia, a modo de examen interior, frente al espejo del modelo que Cristo nos dejó de sí» (E. G., # 26).
 

Una impostergable renovación eclesial

« Sueño con una opción misionera capaz de transformarlo todo, para que las costumbres, los estilos, los horarios, el lenguaje y toda estructura eclesial se convierta en un cauce adecuado para la evangelización del mundo actual más que para la autopreservación. La reforma de estructuras que exige la conversión pastoral sólo puede entenderse en este sentido: procurar que todas ellas se vuelvan más misioneras, que la pastoral ordinaria en todas sus instancias sea más expansiva y abierta, que coloque a los agentes pastorales en constante actitud de salida y favorezca así la respuesta positiva de todos aquellos a quienes Jesús convoca a su amistad. Como decía Juan Pablo II a los Obispos de Oceanía, «toda renovación en el seno de la Iglesia debe tender a la misión como objetivo para no caer presa de una especie de introversión eclesial» (Ev. Gaudium # 27).



« Cada Iglesia particular, porción de la Iglesia católica bajo la guía de su obispo, también está llamada a la conversión misionera. (E. G., # 30).



« Dado que estoy llamado a vivir lo que pido a los demás, también debo pensar en una conversión del papado. (E. G., # 32). »

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