Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
LA RELACIÓN DEL PASTOR Y SUS OVEJAS
Comentario al evangelio del domingo 11 de mayo del 2014
4º de pascua
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
 
     Jesucristo nos está diciendo dos cosas muy fundamentales a los cristianos y a todos los seres humanos en el evangelio de hoy. Por un lado, que los líderes que tiene este mundo, no son pastores, son hombres que buscan al pueblo para sus propios intereses. No les interesa la gente, les interesan sus ganancias.  Esto vale para políticos, gente de negocios, y desgraciadamente también para líderes religiosos y eclesiásticos católicos. Cuando ellos hablan de reformas, nos ponemos con cuidado porque tememos que sus intenciones son servirse con la cuchara grande los recursos que pertenecen a todos.
 
     Jesucristo lo dice de esta manera:

v. 1.- "el que no entra por la puerta en el redil de las ovejas, sino que escala por otro lado, ése es un ladrón y un salteador”.

v. 5.- "Pero no seguirán a un extraño, sino que huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños”.

v. 8.- "Todos los que han venido delante de mí son ladrones y salteadores; pero las ovejas no les escucharon”.

v. 10.- "El ladrón no viene más que a robar, matar y destruir”.

v. 12-13.- "Pero el asalariado, que no es pastor, a quien no pertenecen las ovejas, ve venir al lobo, abandona las ovejas y huye, y el lobo hace presa en ellas y las dispersa, porque es asalariado y no le importan nada las ovejas”.

     A uno se le antoja decirlo con más suavidad, porque nuestra palabra no tiene la autoridad de la Palabra de Jesús: 'hay algunos que sí son buenos líderes y hacen el bien al pueblo'.

     La otra cosa y más fundamental que nos dice hoy Jesús es sobre su identidad y la relación que él establece y quiere establecer con sus ovejas y la correspondencia que nos pide. ¿Cuál es? Él es un verdadero pastor de las ovejas, una verdadera madre para sus hijos, lo diremos ahora que hemos celebrado el día de la madre en nuestro país. Es una relación de cariño, de amor, de cuidado, de conocimiento, de conducción hacia la vida, la vida verdadera, la vida plena. Para ello, el verdadero pastor es capaz de dar hasta su propia vida. La prueba de la verdad de este buen pastor es la señal de la curación del ciego de nacimiento, del que nos ha hablado el evangelista en el capítulo anterior, el 9. Y más que una curación, lo que obra Jesús en él es toda una transformación. Lo hace vidente, con los ojos más abiertos que los mismos líderes del pueblo, porque es fiel a la realidad que se ha obrado en él; lo convierte en una persona pensante, con más sentido común que el resto de los judíos; lo hace una persona que sabe expresarse, de palabra valiente que es capaz hasta de defender al que lo ha transformado. Y finalmente lo ha hecho una persona creyente, que es la visión más profunda que pueda tener una persona, porque es mirar con la mirada de Dios. La consecuencia que le acarrea a Jesús esta señal es el conflicto con los judíos, conflicto que lo llevará a la muerte. Pero no importa, con tal que las ovejas vayan obteniendo vida en él. En ese conflicto Jesús expresa palabras bien claras, sin rodeos, como lo leemos en los versículos que hemos citado.

     Pues bien, si éste es el comportamiento del pastor, ¿cuál es la identidad y la relación que nos pide a sus discípulos? Nuestra identidad es ser ovejas de Jesús, no de cualquier líder que se nos presente y nos quiera atraer. Y nuestra relación, una relación de escucha de su Palabra, de seguimiento, de obediencia a esa Palabra, de amor por el Pastor que da la vida por uno.

     En la Iglesia católica, desde hace siglos, les hemos enseñado a nuestros feligreses una religiosidad ligera, light. Esa religiosidad en la que los hemos metido es diferente a lo que hoy nos enseña Jesucristo. Él quiere una relación personal con cada oveja y con todo el rebaño en su conjunto, una relación no de mera creencia sino de salvación. Por ello queremos ver a todos los católicos estudiando los santos evangelios, conociendo más y más a Jesucristo, relacionándose cada vez más fuerte con él, con una relación de cariño, pero de cariño bien basado, no en el aire, siguiendo sus pasos, entrando en sus caminos.

     Si la Iglesia no es de manera fundamental e integral, salvación para este pobre pueblo, para toda esta humanidad, entonces somos de la categoría de los ladrones o asalariados a los que repudia Jesús. ¿No habría que repetírnoslo cada vez que nos enfrascamos en las altas jerarquías en nuestros rejuegos de poder? El Papa Francisco nos llama "trepadores", lo que es una traducción de lo que hoy denuncia Jesucristo.
 

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