Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
 
UN NUEVO TEMPLO, UNA NUEVA RELIGIÓN
Comentario al evangelio del domingo 8 marzo 2015, Juan 2,13-25.
3er. domingo de cuaresma
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Los cuatro evangelios contienen este pasaje de la expulsión de los vendedores del templo. Pero mientras que los primeros tres lo ponen al final del ministerio de Jesús, san Juan lo coloca al principio. Este evangelista quiere que miremos todo su ministerio con esa óptica, Jesús es el nuevo templo que nos pone en la debida relación con Dios. Así hay que repasar todas sus páginas, siguiendo sus pasos.
 
     El templo de Jerusalén fue construido por el rey Salomón unos mil años antes de Jesús. Cuando los evangelios fueron escritos, ya había sido destruido el templo por los romanos, en el año 70, unos 40 años después de la muerte y resurrección de Jesús. Hasta la fecha no se ha levantado esa construcción por parte de los judíos. En la Jerusalén actual existe sólo el muro de los lamentos y un terreno llano donde estuvo el templo.
 
     En los evangelios sinópticos, Jesucristo sólo predice la destrucción del templo, en cambio, en Juan él les pide a los judíos que lo destruyan, y que él lo vuelve a levantar en tres días, refiriéndose no a la construcción de piedra sino a su cuerpo, que será muerto en una cruz y al tercer día resucitará. Esto es lo que nosotros estamos invitados a entender y a vivir: ¿cuál es la religión de Jesús, cuál es la verdadera manera de relacionarnos con Dios? No es el templo como construcción material, sino a través de Jesucristo, de su corporalidad, de su persona.
 
     El evangelista san Juan nos presenta más delante a Jesús platicando con una mujer samaritana; a ella le dice que a Dios se le ha de adorar en espíritu y en verdad, que no será en un lugar o construcción sagrada, sino en espíritu y en verdad.
 
     Al parecer los católicos nos hemos convertido de nueva cuenta en la religión del antiguo testamento, en una religión que sienta sus bases y su seguridad en el templo, que se entiende a sí misma como una religión de culto, de templo o de lugares sagrados, o de ritos sagrados.
 
     Jesucristo nos está diciendo que él es la verdadera relación con Dios, su persona. Nuestra religión consiste en seguirle los pasos a Jesús, escuchar sus enseñanzas, dejarnos evangelizar por su persona y su manera de vivir, comprometernos con su obra, que es la salvación de toda esta humanidad, de manera tangible en el hoy de los que padecen, de los pobres, de los enfermos. ¿De qué nos sirve el culto en el templo si las personas y nuestro mundo no son transformados como Dios los quiere?
 
     En una de sus cartas, el apóstol san Juan nos dice que a Dios no lo podemos ver, pero que si nos amamos unos a otros, Dios permanece en nosotros y su amor llega en nosotros a su plenitud. ¿Para qué buscarlo en un lugar o acción sagrada si lo podemos encontrar en aquellos con los que nuestro Maestro se ha identificado? 
 

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