Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
EL SOPLO DEL ESPÍRITU
Comentario las lecturas del domingo de Pentecostés. Juan 20,19-23.
Carlos Pérez Barrera, Pbro.

     Siguiendo el calendario de san Lucas en el libro de los Hechos de los apóstoles, hoy concluimos el tiempo litúrgico de la pascua, hoy es el 50º día contando a partir del 5 de abril en que celebramos la resurrección del Señor. Eso quiere decir la palabra pentecostés en griego, cincuentavo día. Quiero insistir en que seguimos el calendario de san Lucas, porque si le echamos un vistazo al pasaje evangélico de san Juan que hoy se proclama, éste nos dice que el mismo día de la resurrección Jesucristo sopló sobre sus discípulos y les infundió el Espíritu Santo. La comunidad de san Lucas usa una numerología cargada de simbolismo.

Pero hay que decir que la celebración litúrgica se da en un tiempo determinado, mientras que la celebración existencial, ésa se da todos los días del año. Vivimos la vida de Jesús permanentemente, con sus altas y sus bajas, e igualmente vivimos la presencia, la fuerza y la iluminación del Espíritu de Dios de manera constante, aunque lo recibimos de manera solemne en los sacramentos, y lo tengamos que pedir en ciertos momentos de manera especial.

     El Espíritu Santo es la marca fundamental de la vida cristiana, aunque desde luego que es mucho más que una marca. Nosotros, a lo fácil, nos hemos hecho una religiosidad de prácticas piadosas, de cumplimiento de ciertos actos, ya sea constantes u ocasionales, como los rezos, las asistencias a Misa, los buenos comportamientos. Y hacemos de nuestro catolicismo una estructura meramente externa. Ya sería ganancia si habláramos de una vida espiritual, no espiritualista ni espiritualona, en el contexto de este mundo materialista. Pero la vida en el Espíritu, así con mayúscula, es muchísimo más que eso.

     Lo más profundo de nuestro ser es la vida en el Espíritu. Lo escuchamos de san Pablo en la segunda lectura: "nadie puede llamar a Jesús "Señor”, si no es bajo la acción del Espíritu Santo”. Y hay que decir que nadie puede ser cristiano si no es bajo la acción del Espíritu Santo, ni vivir el evangelio de Jesucristo, de seguir sus pasos. Nadie puede perdonar hasta 70 veces 7 si no es bajo la acción del Espíritu Santo; nadie puede ponerse a la obediencia de Dios y su Palabra si no es bajo la acción del Espíritu Santo. ¿Amar al prójimo como a uno mismo, o como Jesús nos ama? Sólo bajo la acción del Espíritu Santo. Y así hay que repetírnoslo de cada enseñanza de Jesús. No llegaremos a ser una Iglesia más evangélica si no es bajo la acción del Espíritu.

     Desgraciadamente en la Iglesia tenemos muy descuidada la formación de nuestros católicos, ya sea laicos o clérigos, en la vida en el Espíritu. No es mucho el favor que nos hacen algunas reuniones, retiros, o cursos en los que se habla de la infusión del Espíritu, y luego con mucha ingenuidad se repiten los signos de las lenguas extrañas, brincos, movimientos raros, como prueba de que se ha recibido el Espíritu Santo. San Lucas y san Pablo nos hablan de signos concretos pero con mucho simbolismo, que nosotros no deberíamos tratar de repetir con simplismo, porque luego se deja ver, que la vida del iniciado en realidad no ha cambiado en profundidad. Por ello, más bien deberíamos de proponernos dejar entrar al Espíritu Santo paulatinamente en cada persona, para que nos vaya transformando a según sus planes. Esto es toda una tarea de formación que tenemos que realizar con todos, absolutamente todos nuestros católicos. Y hay que decirlo con firmeza porque estamos en estado de "misión permanente”, porque resulta que seguimos haciendo lo mismo, nos conformamos con cursitos de pláticas prebautismales, preconfirmación, etc. Esto no hay que dejar de hacerlo, pero nuestro propósito es dejarnos tocar por los impulsos del Espíritu de Dios.

     Volvamos nuestra mirada a las lecturas bíblicas de este domingo. Ya sea que lo digamos como san Lucas, o como san Pablo, o como san Juan: el Resucitado sopló sobre sus discípulos al Espíritu Santo para que él los condujera en su vida de discípulos misioneros.
 

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