Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
 
SUBIÓ AL CIELO Y ASÍ CONTINÚA SU OBRA
Comentario al evangelio del domingo 8 de mayo de 2016
La ascensión del Señor
Lucas 24,46-53.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El Hijo de Dios hecho carne tuvo un comienzo y un final en el tiempo. La misión que el Padre le encomendaba era una misión perenne, más sin embargo, su vida en este mundo duró sólo unos treinta y tantos años. Se encarnó en el seno de la virgen María, nació en Belén, en un portal, se crió en Nazaret de donde salió para vivir un buen tiempo de desierto, de oración, de discernimiento. Luego regresó a Galilea para proclamar la buena noticia de la cercanía y de la llegada del reino de Dios. Ungido por el Espíritu Santo proclamó esa buena nueva a los pobres, proclamó la liberación a los cautivos, la vista a los ciegos, la libertad a los oprimidos; proclamó el año de gracia del Señor derramando salud y salvación para todos los excluidos. Su obra lo llevó a vivir conflictos muy serios con las autoridades judías, conflictos que lo condujeron a la muerte en la cruz. Pero como él revelaba en sí mismo al Dios de la vida, vida en plenitud para este mundo, no podía quedarse atrapado en la muerte y por eso resucitó.
 
     San Lucas y san Marcos son los dos evangelios que nos hablan de la ascensión de Jesús a los cielos para sentarse a la derecha de Dios. Hoy hemos proclamado el final del evangelio según san Lucas y el comienzo del libro de los Hechos de los apóstoles. ¿Recuerdan qué nos dicen san Mateo y san Juan? Es necesario conocer los cuatro evangelios para tener una idea más integral de las cosas de Jesús. San Mateo nos dice que Jesús se apareció a los once apóstoles en un monte de Galilea y solamente les dijo que se quedaba con ellos todos los días hasta el fin del mundo. No menciona la subida al cielo. Por su parte, san Juan, en su primer final, sólo dice que se apareció por segunda vez a los apóstoles y que se dirigió a Tomás. Es todo. En su segundo final menciona Jesús su segunda venida pero no habla de su ascensión. Esta diversidad de versiones quiere decir que el paso del Jesús corporal al Padre es un misterio que se puede expresar de variadas maneras.
 
     Siguiendo la cronología del evangelista san Lucas, la Iglesia celebra esta fiesta de la ascensión del Señor Jesucristo a los cielos, exactamente a los cuarenta días de su resurrección. Se trata de un número bíblico con sentido de plenitud. Si subió físicamente o no, no es lo importante. La verdad es que retornó a la comunión eterna con el Padre y el Espíritu Santo. Lo importante es que dio por concluida esa primera etapa de su obra salvadora. La siguiente etapa es la misión de los discípulos, de nosotros, de la Iglesia. Por eso subió o desapareció físicamente con ese cuerpo que bendecía a todos. Así nos dice san Lucas que desapareció, bendiciendo a los suyos. Aún sin que lo veamos, él sigue bendiciendo a sus discípulos y a todo el mundo. Aún sin que la veamos, esa vida continúa siendo una bendición salvadora para esta humanidad que no acaba de volver sus ojos a él.
 
     ¿Cómo quiere Jesús continuar siendo salvación para el mundo? A través de nosotros, sus seguidores, sus testigos. Esta es la marca que impone sobre cada uno: "ustedes son testigos de estas cosas”. ¿Qué Iglesia quiso dejar Jesús a su partida? No se ve en ningún versículo de los evangelios que Jesucristo haya querido dejar una estructura administrativa, una institución de poder humano, mucho menos una copia de nuestra sociedad humana. Jesucristo simplemente y con sencillez quiso dejar una comunidad misionera, una Iglesia que sale a dar testimonio de la vida de Dios, de la vida de Jesús que se entrega plenamente; una comunidad de servidores de la salvación. Hemos de dar testimonio nosotros de la buena nueva que es Jesús, no sólo con palabras sino con toda nuestra persona.
 
     Por eso hemos de decir: qué bueno que se fue Jesús, porque ahora él quiere actuar por medio de su Iglesia.
 

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