Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
JESÚS NOS ENSEÑA A ORAR SIEMPRE
Comentario al evangelio del domingo 16 de octubre de 2016
29º ordinario
Lucas 18,1-8.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     El evangelista san Lucas gusta de ofrecernos las enseñanzas y el ejemplo de Jesús sobre la oración. La insistencia es del mismo Jesús. Veamos:
3,21.- En su bautismo se hallaba en oración cuando bajó sobre él el Espíritu Santo.
4,1.- En el desierto, cuando fue tentado por Satanás, Jesús se encontraba en oración prolongada.
Lc 5,16.- Pero él se retiraba a los lugares solitarios, donde oraba.
6,12.- Para elegir a los doce se puso en oración.
9,18.- Para preguntarles a sus discípulos sobre su identidad y misión, estuvo previamente en oración.
9,28.- En su transfiguración, subió al monte a orar.
10,21.- Su oración es una alabanza llena del Espíritu Santo para bendecir a Dios por los sencillos.
11,1.- Les enseñó la oración al Padre.
11,5.- La parábola del amigo inoportuno y la insistencia de la oración.
18,1.- La parábola del juez inicuo y la viuda inoportuna.
18,9.- La parábola sobre la oración del fariseo y la oración del publicano.
20,46.- Guardaos de los escribas… que devoran la hacienda de las viudas so capa de largas oraciones. Es la oración hipócrita y ventajosa.
21,37.- En su estancia en Jerusalén pasaba la noche en el monte de los olivos.
22,39.- La oración del huerto.
23,46.- Estando en la cruz clamó al Padre.



     ¿Qué nos enseña hoy Jesús? Que es necesario orar siempre y sin desfallecer. Para ello nos ofrece una parábola en la que confronta a Dios con un juez injusto. Si el juez, siendo injusto, no tuvo otra que escuchar a esta viuda para que no lo siguiera molestando, pues ¿cuánto más Dios escuchará el clamor de justicia de sus elegidos que claman a él día y noche?

     Uno tiene la impresión de que nuestra gente cada día ora menos. En realidad poca gente es la que ha aprendido a hacer verdadera oración. Lo que sabemos la mayoría es rezar, recitar rezos, ya sea de memoria o leídos, o emitir palabras y palabras en forma de oración. La oración verdadera es entrar en sintonía con la voluntad de Dios, tal como Jesús nos lo enseña en el Padre Nuestro: "hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo”. Y ya sabemos que la voluntad del Padre es su reino de Justicia, justicia para todos, justicia para los más débiles de la sociedad.

     Jesucristo fue un hombre de oración, no rezaba en ratitos, o cuando le apretaba la necesidad, no, él vivió una vida de oración permanente, constante que incluía momentos diversos. En este pasaje evangélico Jesucristo habla de justicia, no de antojos o caprichos. Es como en las familias, una cosa es que los hijos pidan cosas que les hacen daño y otra que necesiten cosas para su bien. Un buen padre no los daría lo primero sino lo segundo, ¿no es así? ¿No hacen ustedes las cosas de esa manera?

     Hay que revisar cada cosa que le pedimos a Dios. Habría que aprender a pedir para otros, para los más pobres, para los que sufren, por ellos se fatigaba Jesús. Hay que decir, como lo hizo Jesús  en toda su vida: ‘no te fijes en mis necesidades, fíjate en las necesidades de salvación de este mundo’. Así funcionó siempre Jesús. Nada para sí, todo para los demás.

     La oración debe ser constante. Enseñemos a nuestros católicos a hacer oración, pero oración profunda. Les hace tanta falta como a nosotros, para que vivan la vida con otro color, con más entereza, con entusiasmo evangélico, para que hagan suya la fuerza de Dios, la fuerza de su Santo Espíritu, para que entren en esa confianza que produce el abandonarse plenamente en los brazos de Dios nuestro Padre.

     Hay que rescatar el valor del silencio de la oración de Jesús. Estar postrados ante Dios nuestro señor, como expresión de lo que debe ser nuestra vida. No somos señores, somos servidores. Debemos practicar el silencio para estar siempre a la escucha de su Palabra, pendientes de su santa voluntad. ¿Qué quieres de mí?

     Además de la Palabra de Dios, también en nuestra oración deben resonar las voces del mundo, de los más necesitados, no de los poderosos sino de los que verdaderamente requieren justicia.

     Es necesario que a la oración, para que sea auténtica, unamos la acción. Si nos quedamos quietos esperando que Dios haga todo, aún lo que nos toca a nosotros, Dios pensará que no tenemos verdaderos deseos de recibir lo que pedimos. Por eso, cuando uno le pide a Dios su santo Espíritu, justicia para este mundo, su santo reino, su amor, su perdón, uno debe estar dispuesto a recibir cualquiera de esos dones y a afrontar los costos y las consecuencias de lo que pide, comprometerse con lo que pide.

     Enseñemos a nuestros niños a orar. Rezar se les hace muy aburrido, y ciertamente lo es. Pero no lo es para quien va aprendiendo a orar auténticamente, porque la oración es ese espacio en el que uno se siente en la presencia de Dios. ¿Quién se aburre por estar con una persona que ama?

     Por último, nos debe desconcertar la pregunta que se hace Jesús al final de este pasaje. ¿Encontrará fe sobre la tierra cuando venga de nuevo? Es cierto que se ha ido perdiendo la religiosidad del pueblo. Yo espero que la fe aumente aunque la religiosidad disminuya. Para eso estamos los que formamos la Iglesia, para promover la fe en este mundo.

 
 

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