Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     


 
 
 
CRISTO HA VENIDO A BUSCAR Y A SALVAR LO QUE SE HABÍA PERDIDO
Comentario al evangelio del domingo 30 de octubre de 2016
31º ordinario
Lucas 19,1-10.
 
Carlos Pérez Barrera, Pbro.
 
     Este pasaje evangélico nos lleva a pensar en todos los excluidos de nuestra sociedad y de nuestra Iglesia, o con más preocupación, en todos los que a sí mismos y por otros se sienten excluidos de la salvación de Dios: los pobres, los enfermos, los discapacitados, los impuros, los que no tienen estudios, los que no tienen trabajo, los que viven una diversidad sexual, los extranjeros, los migrantes, los delincuentes callejeros y los del crimen organizado, los indígenas, la gente del campo, los que no están casados por la Iglesia, y muchos más. Todos viven una exclusión muy diversa y por distintos motivos. Unos se ven excluidos por la sociedad, otros por la Iglesia, otros se excluyen a sí mismos porque no buscan salida a su situación.
 
     Dios invita a todo mundo a su fiesta de la salvación. Por la Palabra de Dios revelada privilegiadamente por su Hijo Jesucristo, que nos hace asomarnos al corazón del Padre, sabemos que ahí no hay excluidos. Que si hay alguno es porque a sí mismo se excluye, no por causa de Dios.
 
     Zaqueo es uno de tantos excluidos. Por un lado pertenece al mundo de la corrupción, y por otro, al mundo de la riqueza. Así nos lo dice el evangelista san Lucas: "un hombre llamado Zaqueo, jefe de publicanos y rico”. El pueblo judío lo consideraba fuera del amor de Dios por el hecho de ser publicano. Esto desde luego tenía remedio, porque bastaba dejar de serlo. Y nosotros como cristianos, si es que de veras conocemos el Evangelio de Jesús, lo consideramos un excluido de la salvación por el hecho de ser rico (recordemos el pasaje del rico que no quiso seguir a Jesús. Lucas 18,18) . Esto desde luego que también tenía remedio, porque bastaba dejar de serlo. Así es que la condición era abrir el corazón a los más pobres para que los mismos pobres fueran la puerta a la salvación de Dios.
 
     Esto fue lo que sucedió en Zaqueo. Pero en su vida no había un motivo para convertirse. La ley de Moisés no era suficiente motivación para cambiar. Ni los fariseos ni los escribas o los sacerdotes de aquel tiempo tenían palabra ni presencia suficiente para mover a esta persona, ni los habitantes de Jericó, a un cambio radical de vida.
 
     El motivo le llegó a Zaqueo en la persona de Jesús. ¿Qué tenía (y sigue teniendo) este hombre que entra a lo más hondo del corazón de los pecadores y los mueve al cambio? Es verdaderamente una fuerza que le viene del cielo lo que lo convierte en una gracia para todos: para los pobres, para los ricos, para los corruptos, para todos los pecadores en general, para los marginados. Por eso nosotros tenemos que poner nuestras bases en él. Mientras seamos nosotros los que nos presentemos ante esta sociedad tan llena de trabas, esta sociedad se seguirá perdiendo. Pero si nos fiamos de Jesús, de la fuerza de su persona tan llena de gracia, si nos hacemos nosotros a un lado y ponemos a Jesús por delante, en el centro y como fundamento, será Jesús el motivo para que muchas personas cambien su corazón y se abran a la salvación que Dios les ofrece gratuitamente. "Tú perdonas a todos, porque todos son tuyos, Señor, que amas la vida, porque tu espíritu inmortal, está en todos los seres”, escuchamos en la primera lectura.
 
     Es Jesucristo la buena noticia para nuestro mundo.
 

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