Maximino Cerezo Barredo, Pintor de la Liberación     





LA NAVIDAD NOS CONVOCA A LA OBEDIENCIA

Comentario al evangelio del domingo 18 de diciembre de 2016

4º de adviento

Mateo 1,18-24.

 

Carlos Pérez Barrera, Pbro.

 

Hemos escuchado la versión del evangelio según san Mateo sobre la venida del Hijo de Dios a este mundo. El personaje central en Mateo es José, mientras que en San Lucas lo es María. A María se le presentó el ángel Gabriel, a José un ángel le habló en sueños.

María y José no vivían juntos. Se habían desposado según la costumbre judía. Todavía faltaba que el novio fuera por la novia para llevarla a su casa. Fue en ese ínterin cuando José se da cuenta que María ya está esperando un hijo. No nos dice el evangelista por qué hubo esa falta de comunicación entre María y José. Más aún, por qué esa falta de comunicación de Dios con sus creyentes. Los relatos son siempre limitados. La del evangelio es sólo una manera de introducirnos en el misterio de Dios. Ésta es la condición del creyente: darse cuenta de las cosas, discernir en la oración cuál es el designio de Dios en una determinada situación, y finalmente cuál es el compromiso que pide Dios como respuesta del creyente.

Éste es el proceso que vivió José. Nada nos dice san Mateo de la correspondiente experiencia vivida por María. José no quería quedarse con una mujer ajena, como en ese momento lo pensaba. Decide separarse de ella en secreto. Hay quienes han llevado a la pantalla este drama vivido por José: amaba a María pero tenía que renunciar a ella por temor de Dios. Volviendo al evangelio, vemos que lo importante no está tanto en comprender que Dios nos pide aceptar una determinada situación embarazosa. Lo importante es lo que dice el ángel acerca del niño que esperan. Dos cosas nos revela el ángel: Dios viene a estar en medio de nosotros (Emmanuel), y segundo, la presencia de Dios es salvadora (Jesús).

En Jesús vemos palpablemente la visita de Dios. Dios no quiere estar ausente de nuestra historia. Muchos pueblos y diversas culturas han vivido la imagen un dios alejado de la suerte de los hombres, el creador que deja que la creación ruede a su suerte. Algo así como lo que enseñaban los judíos, que el sábado Dios descansó, y ese descanso todavía es hora que no termina. Jesucristo en persona nos hará ver que Dios no está alejado ni es indiferente a nuestra vida, todo lo contrario, es un Dios que ama y se compadece de los seres humanos, un Dios que quiere ser salvación para nosotros. Jesucristo nos lo hará ver no sólo con palabras sino sobre todo con obras palpables.

José aceptó con toda obediencia los planes de Dios, recibió a María como esposa. También a nosotros la Navidad o el nacimiento de Jesús nos llama a la obediencia, en muy diversos aspectos. La verdadera navidad es una navidad pobre. Así la acogemos y la celebramos como la más grande de las decisiones de Dios nuestro Padre. Aquella primera navidad sucede en el ambiente de los desconocidos, de los anónimos que no aparecen en los libros de historia. Así acogemos nosotros la navidad de Dios. La navidad es salvación para esta humanidad, pero se ve tan limitada frente a los poderes humanos. Así la acogemos con toda la fuerza salvadora de Dios.

El 24 en la noche nos queremos postrar, con todo nuestro corazón obediente, ante el pesebre como aquel en el que fue recostado el Hijo de Dios recién nacido, porque aceptamos aquella navidad como la hermosa salvación para toda la humanidad: la extrema pobreza de este recién nacido es salvación para este mundo que se desvive por la riqueza como su supremo valor; el desamparo de este pequeño es salvación para los hombres que se dejan ir de cabeza por el poder; la pequeñez que Jesús asume, es salvación para esta humanidad que se afana por la grandeza. ¿No nos damos cuenta dónde está la perdición de este mundo? La navidad de Jesús nos está diciendo en dónde está la salvación.

 

 

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